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Mónaco, un desafío urbano

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Mónaco, un desafío urbano

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2 kilómetros cuadrados entre la montaña y el mar, 36.000 habitantes, una de las zonas más densamente pobladas del mundo. Bienvenidos a Mónaco, el Principado seduce cada año a más extranjeros adinerados.

Para integrarlos, la Roca debe reinventarse y, a falta de espacio, las ideas fluyen.

Marie-Pierre Gramaglia, ministra de Medio Ambiente y Urbanismo trata de implementarlas:

“El desafío más importante para el Principado es poder ampliar su extensión. Un estudio ha mostrado que necesitamos cerca de 350.000 m2 adicionales cada década, así que tenemos que poner en marcha una política de urbanización sobre el mar y una remodelación de la ciudad con edificios cada vez más altos.”

En 1965, el príncipe Rainiero llevó a cabo la extensión más ambiciosa de Mónaco sobre el Mediterráneo: el barrio de Fontvieille, 7 millones de metros cúbicos de roca con los que se ganaron 22 hectáreas al Mediterráneo, una proeza de ingeniería urbana.

René Bouchet, ingeniero y consejero del gobierno en materia urbanística:

“Los obstáculos son considerables. Los proyectos, tanto subterráneos como marítimos que realizamos, salen de lo ordinario…Ningún país del planeta ha realizado las obras urbanísticas que se llevan a cabo en Mónaco.”

René Bouchet es ingeniero y ha trabajado como consejero en la última extensión de la roca: el dique semiflotante que protege el puerto de Hércules de las olas.

René Bouchet:
“Delante de los diques antiguos, la profundidad del agua es de unos 45 a 55 metros, lo que nos impide construir diques clásicos… Durante mucho tiempo hemos estado trabajando en un proyecto que respete el ecosistema marino y contenga la energía de las olas, un proyecto flotante, a unos metros de la superficie del agua.”

Este ha sido el resultado: un dique de betón construido en Gibraltar y transportado por mar hasta Mónaco en 2002. Veamos cómo el dique se une a la tierra, para ello debemos bajar al nivel -4.

René Bouchet:
“Esta rueda metálica impresionante permite fijar el dique a la tierra. A la vez, transmite a la explanada la presión que el dique soporta cuando se ve sometido a la fuerza de las tormentas.”

El apetito voraz por ganar terreno no cesa, el Principado ha sacado a concurso la adjudicación de las obras de un nuevo proyecto.

En tierra, el desafío se plantea en vertical. Incrustrado en la montaña, Mónaco sortea los inconvenientes de tanto desnivel gracias a interminables galerías equipadas con escaleras mecánicas y ascensores. Para los más deportistas, existen las tradicionales escaleras de piedra.

La densidad arquitectónica es tal que los monegascos suelen decir que “Francia comienza cuando los edificios se acaban.”

Cada vez más altos, la tentanción por las alturas no cesa.

La torre Odéon bate un nuevo récord, 170 metros, una proeza que su arquitecto, el monegasco Alexandre Giraldi, finalizará el año que viene.

Alexandre Giraldi, arquitecto:
“Esta torre va a ser un nuevo referente desde el punto de vista arquitectónico porque vamos a retormar la idea de los rascacielos, idea que abandonamos hace una veintena de años, pero que, ahora, reinventamos a través de la arquitectura contemporánea.”

Desde el piso 49, la vista es impresionante pero tiene un precio: de 40.000 à 90.000 euros el metro cuadrado. En el último piso, el ático con piscina y vista panorámica está anunciado como el apartamento más caro del mundo.

Alexandre Giraldi:
“Hemos arrancado, literalmente, un trozo de montaña para levantar una estructura de 70 metros de alto y, no se trata de una obra de carácter civil, lo que en sí constituye un récord… No existen terrenos vacíos así que debemos demoler antiguos edificios para reconstruir nuevos.”

Un trabajo de renovación perpetua con sus incógnitas, sobre todo, desde el punto de vista de la conservación del patrimonio.

Para muchos monegascos, se está sacrificando el pasado arquitectónico de la ciudad en aras de una vorágine urbanística que no cesa.

Nathalie Rosticher-Giordano, al frente del Nuevo Museo Nacional, se hace eco de esa nostalgia a través de la exposición Monacopolis:

“Seríamos ingenuos si pensáramos que vamos a poder proteger eternamente nuestro patrimonio. Como las necesidades de expansión son enormes, la tendencia es construir y construir. Aunque, quizás, deberíamos plantearnos no ir tan lejos… Si cada vez construimos más alto, dejaremos de ver la montaña, acabando con esa belleza que reside, justamente, en el hecho de que la ciudad se encuentra entre el mar y la montaña.”

Los edificios emblemáticos se salvarán, el principe Alberto II no desea que Mónaco pierda su esencia, para ello, se compromete a estudiar los proyectos en función de las necesidades espaciales de la ciudad.