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La mirada más inocente de Juan José Campanella inaugura el Zinemaldia

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La mirada más inocente de Juan José Campanella inaugura el Zinemaldia

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La infancia es el periodo que forma el mejor recuerdo de nuestra conciencia, el momento en el que todo es alcanzable y en el que los únicos límites son los que impone la imaginación. Después, cuando la realidad es ya una pesada losa de la que cuesta librarse, se convierte en un agradable sueño del pasado.

Con permiso del estudio japonés Ghibli o de algunas sorpresas como “El secreto de Kells”, la exclusividad de evocar esa etapa de nuestras vidas ha correspondido en los últimos años a Pixar.

El director argentino Juan José Campanella ha abierto el Festival de Cine de San Sebastián con una cinta de dibujos animados, la primera vez que ocurre en el certamen en sus 61 años de historia. Pese a no estar a la altura de los artífices de cintas como “Wall-E”, “Futbolín” es una forma de retornar, aunque sea durante un breve periodo de tiempo, a la edad de la inocencia.

La película cuenta la historia de un niño apasionado por el metegol, como se conoce al tradicional juego en Argentina. La narración de su infancia es la mejor herramienta que tiene Amadeo para recuperar la conexión perdida con su hijo. Durante su niñez, el futbolín de una taberna le servía para escapar del anonimato y para olvidar la apatía que reinaba en su pequeño pueblo.

Una apuesta ganadora con la persona equivocada amenazó entonces con hacer desaparecer aquello que había conseguido transformar en su mejor patrimonio.

Campanella insiste en la voluntad de crear una historia para niños, pero también se dibujan con brocha gorda valores extrapolables al universo adulto. Los subtextos hablan de la ambición desenfrenada, del poder de la tradición frente a la vanguardia y de las miserias que se esconden tras la desbocada opulencia.

El mejor ejemplo es el malo de la película, que encuentra fácilmente su alter ego en algunos de los astros que habitan en el deporte rey, aunque el director prefiere pasar de puntillas sobre los aspectos más turbios para no interrumpir la complacencia del espectador.

Como el crítico culinario de “Ratatouille”, el sequito que rodea a Sullivan y Wazovsky en “Monstruos S.A.” o los acompañantes marinos que ayudan a Marlin a buscar a Nemo, “Futbolín” está rodeada de atractivos secundarios.

Desde los variopintos jugadores que escapan de su estática realidad hasta los habitantes del pequeño pueblo, pasando por el realismo latente del manager, los guionistas han sabido generar divertidas situaciones que maquillan las lagunas narrativas. Y, como era obligado en la primera película argentina en tres dimensiones, el diseño y detalle de los dibujos goza de una factura impecable.

Si bien la trama se dispersa en demasiadas ocasiones, no es menos cierto que, desde el homenaje inicial a “2001: Una odisea del espacio” o el posterior a “Apocalypse Now” hasta el virtuosismo de Amadeo al frente de las barras del futbolín, la película está repleta de momentos que hacen que resulte imposible borrar la sonrisa durante todo el metraje.

La aventura animada de Campanella no alcanza las cotas de “El secreto de sus ojos”, pero la ternura que aparecía en “El hijo de la novia” encuentra aquí su versión más pueril que dejará saciados a los niños y satisfechos a los mayores.