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Rumbo a América en la Red Star Line

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Rumbo a América en la Red Star Line

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Buscando una nueva vida se embarcaban en la Red Star Line que conectaba Europa con EEUU y Canadá. Unos dos millones de pasajeros, la mayoría judíos del este de europa, la utilizaron entre 1873 y 1934.

Un museo recuerda ahora en Amberes por qué viajaban y en qué condiciones. Tenían que pasar por una ducha caliente de 25 minutos y un control médico. Las autoridades estadounidenses tenían miedo del cólera o el tifus. Las mujeres embarazadas no podían viajar, porque cuidarían a sus bebés en lugar de trabajar por América.

Según Luc Verheyen, director del museo Red Star Line, “hay historias desgarradoras de familias que no pasaron el control en Amberes o en Ellis Island donde por ejemplo, tenían que dejar atrás a uno de sus hijos.”

Una elección dolorosa que tuvo que hacer la familia Moel. Su hija Ita tuvo que volver a Amberes, donde quedó a cargo de una organización judía. Volvió intentarlo, y sólo lo consiguió a la tercera, seis años después, cuando ya tenía 14.

Sonia Pressman Fuentes fue más afortunada, toda su familia consiguió llegar al otro lado del océano en el mismo viaje. “Este viaje salvó la vida de mis padres, de mi hermano, y la mía. Vivíamos en Alemania y Hitler llegó al poder, fue designado canciller el 30 de enero de 1933. Enseguida mi hermano se dio cuenta de la amenaza que podría suponer para los judíos y presionó a nuestros padres para irnos de Alemania.”

Albert Einstein era cliente habitual de la Red Star Line. Fue uno de sus barcos el que le llevó, con su esposa, definitivamente a EEUU cuando se enteró de que los nazis habían confiscado todos sus bienes.

Para muchos fue una historia de éxito, según explica el responsable de Turismo de Amberes, Koen Kennis. “No sólo viajaban en primera o en segunda, sino también en tercera clase, y no era un viaje placentero. Pero llegaron a EEUU y se convirtieron en personalidades impiortantes. Como Irving Berlin, que viajó con la Red Star Line, y otras muchas personas que consiguieron hacer realidad el sueño americano.”

Tras seis años de trabajo, el museo abre sus puertas en los antiguos almacenes de la compañía, en Amberes.