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Zinemaldia: Atom Egoyan se enreda en un crimen sin resolver

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Zinemaldia: Atom Egoyan se enreda en un crimen sin resolver

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El cine de Atom Egoyan se ha ganado una posición privilegiada en los festivales. Es heterogéneo y en el caben tanto las reivindicaciones sobre el genocidio que padecieron sus ascendientes armenios, tan bien tratado en “Ararat”, como la reinterpretación de la fábula del flautista de Hamelín con una asombrosa belleza en “El dulce porvenir”. Pero su filmografía sufre de cierta ciclotimia y en su última película no ha trazado bien las claves para narrar el proceso judicial de un crimen real sin resolver en Estados Unidos.

“Devil’s Knot” parte del asesinato de tres niños en el pequeño pueblo de West Memphis, en Arkansas. Es uno de esos lugares habitados por tipos montaraces donde encuentra cobijo el conservadurismo más desmesurado. La atmósfera se aproxima a la de las novelas de Dennis Lehane, tan bien descrita en películas como “Mystic River” o “Adiós pequeña, adiós”, aunque en este caso en una versión excesivamente light y con unas conclusiones planteadas con demasiadas lagunas.

Lo que debería suponer un argumento atractivo se convierte en una enrevesada maraña en la que se cuenta mucho y se dice poco. El director ha insistido en el encuentro que hemos mantenido con él en que quiere generar la misma incertidumbre que persiste en el lugar, pero las tramas están inconexas. Reese Whitherspoon da vida a una afligida madre expectante ante el castigo que deben sufrir los supuestos ejecutores de su hijo. Al igual que ocurriera en “The railway man”, las circunstancias no están a la altura de un impecable Colin Firth.

  • Atom Egoyan presentó "Devil's Knot"

    Fotos: Carlos Marlasca

  • Jasmila Zbanic y el equipo de "For those who can tell no tales"

El satanismo se antoja como origen del suceso para los anquilosados lugareños y la fascinación de unos jóvenes por la nigromancia les convierte en únicos sospechosos. Cuesta entender por qué los puntos más interesantes del relato aparecen tardíamente, por qué la cámara se muestra tan impasible y por qué no se incide más en las reacciones de los supuestos culpables. Sobre el caso se ha escrito mucho, se han rodado documentales tan elogiados como “West of Memphis” y la aportación de Egoyan para reprobar los mecanismos de la justicia no ha sido excesivamente significativa.

La directora bosnia Jasmila Zbanic estaba llamada a ser una de las tapadas de la sección oficial del Zinemaldia. Como el de Emir Kusturica y el de Danis Tanović, su cine encuentra en el conflicto yugoslavo su principal inspiración. En 2006 ganó un merecido Oso de Oro por la excelente “Grbavica”. En “For those who can tell no tales” cuenta la historia real de una mujer canadiense, que también interpreta a la protagonista, que en un viaje a Bosnia quedó atrapada por las heridas aún abiertas del mayor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Zbanic arriesga a la hora de recrear el atronador silencio de la localidad de Visegrado. En la rueda de prensa la directora ha hablado de la necesidad de no olvidar el pasado para poder construir el futuro. No se centra en la denuncia de las atrocidades sino en la impasibilidad con la que son recordadas. Acierta en el objetivo pero carece de la intensidad necesaria para añadir solidez a su película.

Carlos Marlasca