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Francisco "el reformador"

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Francisco "el reformador"

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Desde su elección, dejó claro que habría cambios en el Vaticano. Seis meses después, el papa Francisco ha comenzado a reformar la Curia Romana, el gobierno de la Iglesia católica.
La designación en mayo de lo que muchos llaman el G8 papal supuso una revolución en la Santa Sede. Dicho consejo es sólo una herramienta consultiva, aunque tiene independencia total de la Curia. Sus miembros, ocho cardenales de los cinco continentes, sólo rinden cuentas ante el papa. Son su mano derecha en cuestiones de gobierno, pero no tienen capacidad para tomar decisión alguna

“Su trabajo es a largo plazo”, explica Federico Lombardi, portavoz del Vaticano. “No podemos pensar que la reforma de la curia y el gobierno de la iglesia universal es algo que se puede realizar en tres días”.

Hace tiempo que la Iglesia Católica pide a gritos un cambio. En el cónclave del pasado mes de marzo los obispos llegados del mundo entero expresaron su deseo de transparencia, con las revelaciones del “vatileaks” como telón de fondo. Las filtraciones hechas a la prensa italiana revelaban las dimensiones de una trama corrupta que salpicaba de lleno a la curia romana.

“El papa Bergolio cuenta con un fuerte respaldo”, recuerda el periodista Iacopo Scaramuzzi, experto en cuestiones Vaticanas. “La mayoría de los cardenales que le eligieron pensaron que sería un papa fuerte, que podría introducir cambios, que podría reformar la curia y que relanzaría así la Iglesia católica”.

Los esfuerzos en materia de transparencia comienzan a apreciarse en el Banco Vaticano. Tras un periodo convulso en el que incluso llegaron a trascender dudosas relaciones con la mafia, la institución financiera de la Santa Sede ha decidido hacer públicos sus resultados anuales. El consejo asesor del papa deberá afrontar también el problema de los abusos sexuales, un escándalo que ha debilitando la imagen de la institución en todo el mundo, provocando una hemorragia de fieles difícil de contener.

En la agenda está también el debate sobre el papel que jugarán a partir de ahora las mujeres y los laicos en la Iglesia. Y, como no, el proyecto de descentralización del Vaticano. De los mil doscientos milllones de católicos que hay repartidos por el mundo, sólo un cuarto son europeos. Y con un papa argentino en el sillón de Pedro, todo parece indicar que ha llegado el momento de reformar el modelo político que regula el poder de la Santa Sede.