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Italia, la inestabilidad como costumbre

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Italia, la inestabilidad como costumbre

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La inestabilidad es una enfermedad crónica en la política italiana. Desde la última ley electoral de 2005, el país ha tenido cinco primeros ministros: Silvio Berlusconi, Romano Prodi, de nuevo Silvio Berlusconi, Mario Monti y Enrico Letta.

Cuando este último aceptó formar un Gobierno de unión nacional el pasado mes de abril, lo hizo con dos prioridades: reformar la ley electoral para garantizar la estabilidad política y estimular la economía para crear puestos de trabajo.

Con la mayoría en la Cámara de los Diputados, el líder del Partido Democrático, de centroizquierda, está sin embargo, debilitado por la falta de una mayoría clara en el Senado. Para gobernar es necesaria una alianza con el centro derecha de Berlusconi.

Pero la unión depende de las decisiones del líder del Pueblo de la Libertad. Con problemas con la justicia, Il Cavaliere orienta las decisiones de su partido en función de sus intereses personales, poniendo trabas a la acción del Gobierno.

Condenado en julio a cuatro años de prisión por fraude fiscal, una pena que finalmente se redujo a uno, Berlusconi no cesa en su empeño de intentar convocar elecciones anticipadas para provocar el desgaste del Gobierno. El pasado fin de semana, utilizó la falta de acuerdos sobre la subida del IVA para exigir a su grupo que retirara el apoyo al Ejecutivo.

Para el presidente de la República, Giorgio Napolitano, es inútil convocar unos nuevos comicios sin una reforma de la ley electoral, que, según él, es el gran mal de la política italiana. Una posición que puede explicar el cambio repentino de estrategia de Silvio Berlusconi. Finalmente este miércoles ha pedido a los suyos que den el voto de confianza al Gobierno de Letta.