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Los lazos de Estados Unidos y sus más cercanos aliados, en entredicho

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Los lazos de Estados Unidos y sus más cercanos aliados, en entredicho

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Traidor para el 39% de los estadounidenses, patriota para un 35%. Cuatro meses después de las primeras revelaciones que cayeron como bombas, el excontratista de la NSA sigue perseguido por los Estados Unidos. Pero sus filtraciones provocaron y continúan provocando un terremoto a escala planetaria que le ha convertido en casi intocable.

Cada semana, y ahora cada día, salen a la luz nuevas revelaciones que atrapan a Washington en su propia red de espionaje. The Guardian, primero en divulgar los ‘papeles’ de Edward Snowden, publica la última información: 35 jefes de Estado estuvieron puestos bajo escucha por la NSA.

El documento, datado en 2006, no cita nombres. Detalla que la NSA animaba a los altos responsables de la administración y del Ejecutivo a que compartieran sus agenda con la agencia. Uno de ellos, cuya identidad no es revelada, transmitió hasta 200 números.

Un nuevo contratiempo en la crisis diplomática que aleja a Estados Unidos de sus aliados. Cada vez es más difícil para Barack Obama y su administración capear las consecuencias del goteo de filtraciones con regusto a Guerra Fría.

El caso de las escuchas en el móvil de Angela Merkel es particularmente embarazoso. Esto no se hace a los amigos, se dice desde Alemania, mientras que desde el otro lado del Atlántico se trata desesperadamente de salvar los lazos y de asegurar que unos párrafos en los medios no pueden acabar con ellos.

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Para analizar las consecuencias que el escándalo de las escuchas puede tener en las relaciones transatlánticas hablamos con Annette Heuser en Washington. Directora ejecutiva de la Fundación Bertelsmann, Heuser es además especialista en Derecho, Ciencias Políticas y Sociología.

“La cuestión ahora no es si el teléfono de la canciller ha sido pinchado o no. O si el gobierno alemán ha estado bajo escucha”, explica. “Lo que hay que preguntarse es si este tipo de conducta puede tolerarse entre supuestos amigos y aliados. Y la respuesta es que no. Contundentemente no. La adminsitración de Obama le ha quitado hierro al asunto y ha prometido que no lo volverá a hacer. Pero eso no es suficiente. Estamos asistiendo al comienzo de un tsunami diplomático que sin duda influirá durante algún tiempo en la política exterior europea y en las relaciones transatláticas.

Pese a la euforia desatada en Europa tras la elección del primer presidente negro de Estados Unidos, lo cierto es que las relaciones entre uno y otro lado del Atlántico han avanzado poco en los úlitmos años. De hecho, la prioridad de Washington ya no es Europa sino Asia.

“Creo que en Estados Unidos y particularmente en la administración Obama nadie se toma en serio a Europa”, continua Heuser. “Es más, se tiende a quitar importancia a los escándalos y los problemas que puedan surgir con los europeos. Y eso es un error. La administración Obama es la que menos atención le ha prestado a sus socios transatlánticos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. No entiende a los europeos. Y eso, de nuevo, es un problema. Porque hasta ahora, había un sólida confianza entre europeos y estadounidenses, especialmente entre alemanes y estadounidenses. Pero este escándalo está erosionando esa confianza, como si no fuera una parte esencial de las relaciones entre ambas potencias”.

En junio de 2011, el presidente Obama ofreció a la canciller alemana un honor que nunca antes había tenido ningún dirigente europeo, al invitarla a una cena de Estado en la Casa Blanca. Era la manera de olvidar los desencuentros que antes habían mantenido Bush y Schroeder.

“Creo que este escándalo tendrá consecuencias graves para el futuro de las relaciones transatlánticas”, asegura Heuser. “Hasta ahora siempre habíamos dicho que el peor momento de esas relaciones, especialmente entre Alemania y Estados Unidos, fue la guerra de Irak, en 2003, el hecho de invadir ese país militarmente. El gobierno alemán de la época, bajo el mando de Gerhard Shroeder, se opuso diametralmente a la intervención armada. Pero se trataba meramente de una cuestión de estrategia militar. La fractura que estamos viendo ahora es mucho más profunda, porque estamos hablando de la confianza mutua. Esa confianza se está evaporando y pasarán décadas antes de que podamos reconstruirla”.

Durante la visita de Obama a Berlín en junio, el presidente estadounidense tuvo que afrontar las primeras críticas de la opinión pública. Merkel se mantuvo cauta, pero los alemanes mostraron un fuerte rechazo ante las revelaciones de espionaje, que compararon con las técnicas de la Stasi en la antigua RDA.

“Creo que en el futuro asistiremos a un debate mucho más serio sobre el grado de cooperación de nuestros servicios de inteligencia con las agencias estadounidenses”, concluye Heuser. “Se definirá el papel que jugarán los servicios de inteligencia europeos y alemanes y se establecerán los límites a sus operaciones, sobre todo cuando puedan socavar la vida privada o las libertades individuales”.