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Marmaray, el sueño de un sultán

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Marmaray, el sueño de un sultán

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Atraversar el estrecho del Bósforo en apenas cuatro minutos. Este era el sueño del sultán otomano Abdülhamid que a finales del siglo XIX pidió a varios ingenieros franceses que diseñasen un túnel sumergido entre las dos orillas de Estambul.

Este proyecto faraónico bautizado hoy Marmaray comprenderá al final más de 76 kilómetros de vías férreas, 37 estaciones exteriores, tres bajo tierra y cuatro intercambiadores para facilitar la vida de los 15 millones de personas que viven en la ciudad turca, sobre todo la de los dos millones que cada día cruzan el estrecho.

“Yo vivo en la parte europea, explica un señor en Estambul. Tengo familia en la parte asiática, a veces voy allí para visitarlos o para hacer algún pequeño negocio”.

Las obras comenzaron en 2004 gracias al apoyo financiero del Banco de Japón para la cooperación internacional, con 735 millones de euros, y del Banco Europeo de Inversiones. Las obras han sido realizadas por un consorcio de empresas turcas y japonesas, entre otras.

La longitud del túnel es de 13,6 kilómetros, de ellos, casi un kilómetro y medio se encuentra bajo el mar.

El coste total del proyecto ha superado los tres mil millones de euros. Por este túnel podrán viajar en trenes de cercanías hasta un millón y medio de personas cada día.

El túnel consiste en un doble tubo cuya parte sumergida se encuentra 60 metros por debajo del lecho del Bósforo. Podrá resistir a seísmos de hasta nueve grados en la escala de Richter ya que se halla a solo 20 kilómetros de la Falla del Norte de Anatolia. Los sismólogos temen que un gran seísmo pueda tener lugar en las próximas tres décadas.

La estación de Yenikapi, del lado europeo de Estambul, esconde en su suelo un tesoro arqueológico de la época Bizantina. Durante las obras fueron descubiertos los restos de hasta 13 barcos cargados de ánforas y otras reliquias. La UNESCO señaló entonces el valor del descubrimiento en un lugar clasificado como Patrimonio de la Humanidad.