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La infancia en un campo de refugiados

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La infancia en un campo de refugiados

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Rojda: “Esta niña no es feliz, ya no le queda nada.”

Omar: “He visto lo que mucha gente ni se imagina, aviones, misiles, metralletas, tanques, he tenido mucho miedo.”

Rojda: “Estaba en la escuela cuando bombardearon el edificio. Mi madre vino y nos escondimos lejos del Ejército sirio.”

Omar: “Comenzamos a acostumbrarnos a la guerra, dormíamos, incluso, cuando los helicópteros bombardeaban nuestros refugios.”

Rojda: “Tuvimos que abandonar Damasco, mis padres y otros familiares se quedaron. Me sentía triste porque no sabía por qué se quedaron, me preguntaba cuándo vendrían a buscarme, seguro que habría alguna buena razón, abandonamos nuestra casa que construimos con tanto esfuerzo.”

Hadya Hibrahim Hamko, madre de Rojda: “Estuvimos ahorrando durante 9 años para comprar nuestra casa en Damasco. Apenas estuvimos viviendo 8 días en la nueva casa, tuvimos que irnos cuando los aviones comenzaron a bombardear el barrio.”

Monica Pinna, Euronews:
“Nos encontramos en Domiz, el mayor campo de refugiados sirio del Kurdistán iraquí. 60.000 personas viven en el que es, también, el campamento más grande de Irak. Cerca de la mitad son niños. Omar y Rojda, como muchos otros, han vivido los horrores de una guerra que ha cambiado sus vidas, ahora intentan, simplemente, vivir.”

Rojda y Omar llegaron a este campo de refugiados con sus familias hace siete meses. Era el último refugio que les quedaba tras haber cambiado de ciudad en varias ocasiones huyendo de los combates. Ahora, sobreviven en una zona semidesértica del Kurdistán iraquí. Han perdido un año de escolaridad y deberán esperar aún antes de ingresar en una de las tres escuelas del campamento, saturadas.
Para colmar este vacio, la ONG francesa, ACTED puso en marcha, en abril, dos centros de ocio destinados a los niños.

Ibrahim Khalil, ACTED:
“Usamos diferentes terapias para tratar a los niños traumatizados por la guerra. La más eficaz consiste en focalizarse en la parte positiva de las cosas, hacerles ver que pueden volver a reconstruirse, así les damos fuerzas para que acepten su nueva vida y salgan adelante.”

Omar acude a dirio al Espacio de Juventud donde se imparten actividades terapeúticas y clases. Ayudar a estos niños a superar los traumas de la guerra requiere mucho tiempo.

Omar: “También estudio kurdo, mi lengua materna, para mi es muy importante porque, en Siria, no teníamos la posibilidad de aprender kurdo en la escuela.”

Rojda: “Aquí jugamos, hacemos teatro, nos cuentan historias, eso nos ayuda a olvidar, a no pensar demasiado en otras cosas.”

Estos dos centros han abierto sus puertas gracias a los fondos del Premio Nobel de la Paz otorgado a la Unión Europea, el año pasado. Forman parte del programa europeo Niños para la Paz.

La realidad supera las expectativas y, hoy, pese a que los dos centros fueron diseñados para acoger a 250 niños, cada semana acuden unos 1.000.
En el campo de refugiados acoge viven 30.000 niños, las cifras hablan por sí solas.

Ibrahim Khalil, ACTED:
“Creo que la situación tiende a ser perenne y estos niños no podrán recobrar una vida normal en mucho tiempo. Pese a la capacidad de adaptación que tienen, no creo que puedan resistir mucho tiempo viviendo en tales condiciones.”

Miles de niños esperan del otro lado de la frontera el momento de huir para buscar refugio lejos del infierno sirio. Campamentos como Domiz sirven de remanso en tiempos de guerra pero, también, les aleja de sus hogares.