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Filipinas: una semana después del paso del tifón

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Filipinas: una semana después del paso del tifón

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Una semana después del paso del tifón Haiyan, en Filipinas se siguen recogiendo cadáveres en descomposición de las calles para enterrarlos en fosas comunes. Los bomberos los envuelven en bolsas y cargan en grandes camiones. Hay que retirarlos cuanto antes para limitar el riesgo de epidemias. El número oficial de muertos asciende a 3621, aunque la ONU baraja cifras muy superiores.

Entretanto, el portaaviones estadounidense George Washington ha arribado, escoltado por dos destructores, a aguas de Tacloban, en la isla filipina de Leyte. Trae toneladas de ayuda humanitaria y unos 5000 marines para ayudar en el reparto de suministros y la seguridad en la región. También ha llegado a la zona un destructor británico, con capacidad para potabilizar grandes cantidades de agua, y soldados y especialistas de medio mundo, pero las necesidades son colosales.

El presidente filipino, Benigno Aquino, está siendo muy criticado por la lentitud con la que se actuado y por las estimaciones
sobre el número de víctimas, cambiantes y nada claras. Desde Manila ha reconocido que el país precisa ayuda, pero ha puesto el acento en que los filipinos deben recuperar el control de sus vidas.

“Necesitamos ayuda”, reclama la gente en las calles de Taclobán, convertida en el epicentro de una catástrofe que ha arrasado la región central del archipiélago. Decenas de miles de víctimas siguen careciendo de lo mínimo para la supervivencia.