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Melilla: saltar la valla

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Melilla: saltar la valla

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Inmigrantes clandestinos dispuestos a todo para entrar en Europa, del otro lado, las fuerzas de seguridad dispuestas a disuadirles. ¿Por qué Melilla exige más ayuda a la Unión Europea?

Una inmensa fila humana dispuesta a enfrentarse a todos los sistemas de control de fronteras.

Las imágenes fueron grabadas por la Guardia Civil Española el pasado 20 de noviembre.

Los acuerdos de cooperación entre la policía marroquí y la Guardia Civil abortaron este enésimo intento de los inmigrantes clandestinos que saltar la valla que separa Marruecos de la ciudad autónoma española de Melilla.

Dispersados por los agentes marroquíes, los inmigrantes vuelven a refugiarse en el monte Gurugú.

Aquí malviven centenares de ellos a la espera de otra oportunidad, frenada por los agentes marroquíes que ejecutan las prácticas extraterritoriales de control fronterizo que la Unión Europea delega en los países de tránsito.

Inmigrante: “Están por todas partes, los policías vestidos de civil, nos esperan.”

Proceden de Mali, de Camerún, de Costa de Malfil o de Níger, muchos llevan aquí años tras varios intentos infructuosos que les han dejado marcas en sus cuerpos.

Sobreviven gracias a la caridad de los habitantes de los pueblos cercanos.

Están dispuestos a cruzar la valla cueste lo que cueste.

Claude Guillaume Dibonde, inmigrante de Camerún:
“No es fácil, no es fácil. Nos arrestan cuando nos acercamos a la valla, nos pegan. Vivimos en la miseria. No creo que ningún ser humano pueda vivir así, pero estamos obligados a vivir así, no podemos volver atrás porque hemos dejado a nuestras familias en la misera para buscar una vida mejor, por eso debemos hacer todo lo que está en nuestro poder. Nuestro destino está en manos de lo desconocido.”

Toure Lassina, inmigrante de Costa de Marfil:
“Tenemos que arriesgarnos, si no consigo pasar del otro lado, francamente, me saldrán canas aquí en este bosque y será mejor que sea así porque mi objetivo es entrar en Europa, no puede ser de otra manera. Solo Europa puede cambiar mi vida, Europa, sí.”

El grupo se disuelve rápido ante el miedo de ser arrestados.

Valerie Gauriat, Euronews:
“Tras estas entrevistas hemos tenido que desistir en nuestro intento de acceder hasta el campamento que los inmigrantes han improvisado en lo alto de la colina, la policía marroquí los vigila, el riesgo para ellos es demasiado grande.”

Minutos más tarde, nos cruzamos con una patrulla marroquí que acaba de arrestar brutalmente a varios clandestinos. Nuestra cámara tiene que dejar de grabar so pena de ver confiscado nuestro material. Hemos gradado estas imágenes con nuestro teléfono móvil.

Melilla, este minúsculo trozo de tierra de 12 kilómetros cuadrados es junto a Ceuta, es único punto de entrada terrestre entre África y Europa.

Una valla de 12 kilómetros y 6 metros de altura, financiada en parte por la Unión Europa, intenta disuadir a los inmigrantes que han incrementado sus intentos de saltarla desde 2012. Por ello, el Gobierno conservador español ha decidido reintroducir cuchillas metálicas, retiradas por el anterior gobierno socialistas tras las quejas de varias ONG como Amnistía Internacional.

Las cuchillas no impidieron un asalto espectacular el pasado 17 de septiembre cuando centenares de inmigrantes lograron llegar al otro lado.

Pero la valla no es el único obstáculo, según relatan muchos de los inmigrantes que lograron entrar en Melilla, no todos lo que saltaron la valla fueron enviados al centro de retención temporal, el CETI, donde los inmigrantes, saben, gozarán de los ciertos derechos.

En teoría, deberían ser trasladados allí, pero esa no es la versión que nos cuenta Sekou quien vio morir a uno de sus compañeros el pasado 5 de noviembre cuando intentó saltar la valla.

Sekou Traore, inmigrante de Guinea Conakry:

“Uno de mis amigos… sabe… la barrera es tan alta, ese chico estaba escalando, pero no consiguió llegar hasta lo alto y calló al vacío. Murió allí. Acudimos unos 320 a la valla pero tan solo conseguimos saltarla unos 120. La Guardia Civil atrapó a más de 34 y los hizo salir.”

Hilaire Fomezou, inmigrante de Camerún:

“He pasado 2 años en Gurugú. Sé lo que es sufrir, como lo que sea, he buscado entre la basura algo que llevarme a la boca. Contar todo eso me duele, pienso, ahora, en todos aquellos que aún están del otro lado. Dios me ha ayudado, le doy gracias a Dios por haberme permitido estar aquí. Me tratan bien. Prometo a mi familia, a mis amigos luchar por ellos. Voy a trabajar duro por muy difíciles que sean las cosas aquí, voy a buscarme mi porvenir y el de mis hijos, lo haré.”

El refuerzo de las fronteras exteriores marítimas con programas como Hera, Atlantis, Sea Horse o Noble Centinela ha repelido la llegada de los inmigrantes por mar, por ello, muchos intentan alcanzar Europa por tierra.

Nos encontramos en le paso de Beni-Ensar entre Marruecos y Melilla, por donde pasan a diario 3.000 personas.

La inspección de los vehículos es una rutina para las autoridades españolas que se sirven de captores para detectar la respiración humana.

Para el gobierno español de Melilla, la Unión Europea debe coordinar su política de inmigración.

Abdelmalik El Barkani, delegado del Gobierno en Melilla:

“Me gustaría que Europa se implicara más en el control, no solo de la frontera entre Marruecos y España, en la frontera entre Marruecos y Europa, que constituyen Ceuta y Melilla. Es necesario también cooperar con los países de origen. Y también hay que hacerle frente de una vez por todas a las mafias.”

José Palazón es un militante de los derechos del hombre muy conocido en Melilla, para él las políticas de inmigración se centran sólo en un aspecto: la seguridad.

José Palazón, presidente de PRODEIN:

“Yo creo que la política europea de inmigración es un desastre total, no sirve para nada, solo provoca sufrimiento y muertos. Han reforzado la vaya y todo eso, pueden seguir poniendo obstáculos contra los inmigrantes, éstos van a continuar a pasar. Se habla mucho de las mafias pero lo que de verdad está pasando es que cada vez es más caro, les hacen pagar más para entrar, así que lejos de acabar con la inmigración, estamos promoviéndola.”

Al día siguiente, nos cruzamos con varios inmigrantes que vimos en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, CETI. Han acudido a la Comisaría de Melilla para registrarse, una etapa necesaria antes de ser enviados a la península, un paso más hacia Europa.

Franklin Diko, inmigrante de Gabón:

“Hemos esperado bajo la lluvia durante una hora y media para que nos den un pase que nos permita ir a Madrid o a Barcelona. Pero no sabemos si podremos viajar esta mañana, rezamos para que eso ocurra pronto y que la Unión Europea nos ayude, estamos sufriendo mucho para ello.”

Con la mirada puesta en Europa, muchos de ellos se acuerdan de todos aquellos que aún esperan en el monte Gurugú.

Decidimos volver para ver en qué estado se encuentran.
Nos muestran las cuevas que les sirven de refugio ante un invierno que se anuncia lluvioso y frío.

Muchos de ellos han intentado saltar la valla sin éxito, otros ni siquiera llegaron a la zona fronteriza conocida como Farhana, que quiere decir felicidad, la policía marroquí les disuade antes de que se acerquen.

Andrew Kamaha, inmigrante de Gabón:

“No venimos hasta aquí porque nos guste Europa, sólo buscamos una vida mejor para ayudar a nuestras familias, no me gustaría quedarme 15 o 20 años en Europa, si consiguo ahorrar desearía volver a mi país para montar un negocio, y voy a hacerlo. Europa, para mí, representa una nueva oportunidad. “

Ronni Abas, inmigrante de Gabón:

“Si la gente ve este reportaje, les pido ayuda. Nosotros lloramos, rezamos y pedimos que alguien nos ayude, pero eso no llega.”