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China quiere la Luna

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China quiere la Luna

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Ya no es sólo un sueño. ‘Yuyu’ o Conejo de Jade, el vehículo chino de exploración ya manda imágenes de la Luna. La misión, hasta la fecha, es un éxito y China ha entrado a formar parte del selecto grupo de las grandes naciones espaciales. Su sonda Chang’e-3 se posó en la superficie lunar con la suavidad de un pájaro para trabajar durante tres meses. Un orgullo para todo el país.

Han pasado 44 años desde que Neil Armstrong, se convirtiera en el primer hombre en pisar la superficie lunar. Aunque una nave rusa no tripulada fue la primera en alunizar.

No obstante desde los tiempos de la sonda soviética Luna 24, en 1976, nada, ni nadie hasta ahora.

Se trata de una misión no tripulada, pero los chinos no van a quedarse de brazos cruzados. Ellos también quieren pisar la luna, sí o sí, de aquí a 2025. Su programa espacial data de los años sesenta pero ha sido en las últimas dos décadas cuando ha recibido el impulso necesario. Y no se trata únicamente de un desafío tecnológico.

Su prestigio internacional está en juego y los éxitos refuerzan el orgullo patriótico. En 2003, China mandó a su primer hombre al espacio en el marco del programa Shenzhou, Nave Divina. Yang Liwei, su primer astronauta, se convirtió en héroe nacional.

China no ha perdido ni un segundo. Llegó el primer paseo espacial que llevó también a la gloria a otro taikonauta Zhai Zhigang, que salió del módulo portando la bandera china el 17 de septiembre de 2008.
Su gestó disparó los aplausos no sólo en la sala de control sino también en muchas ciudades del país.

Y es que los vuelos tripulados son una prioridad para China que también pretende dotarse de una estación espacial permanente en órbita, antes de 2020. El pasado 26 de junio, otros tres taikonautas de la misión Shenzhou, entre ellos una mujer, regresaban a la Tierra después de pasar quince días en el espacio.

Pekín dedica una suma astronómica a la misión, y quiere probar en solitario, aunque en esta ocasión reciba el apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Sea como fuere China avanza inexorablemente hacia el podium de las superpotencias espaciales.

Jeremy Wilks, euronews:
Contactamos con Karl Bergquist, de la Agencia Espacial Europea. Usted es el encargado de las relaciones con China, ¿qué tipo de ayuda ofrece la ESA?

Karl Bergquist, ESA:
Bueno, con las autoridades chinas tenemos un acuerdo de apoyo mutuo. Por eso estuvimos involucrados en la misión Chang E1, Chang E2, y ahora también en la Chang E3, proporcionando ayuda a través de nuestra red terrestre. Tenemos estaciones en España y Australia y también en la Guayana Francesa, en Sudamérica. Una vez que la nave alunizó hicimos una triangulación utilizando las estaciones de Australia y Cebreros, en España, con el fin de determinar en qué punto exacto de la superficie lunar estaba el módulo de aterrizaje.

Jeremy Wilks:
Dígame, ¿cómo ha transcurrido la misión? ¿Ha habido problemas de última hora?

Karl Bergquist:
No, creo que todo fue saliendo bien. Sé que una vez que el módulo se posó en la superficie lunar incluso el equipo chino que se encontraba en nuestro centro de control de Darmstadt, en Alemania, celebró una pequeña fiesta. Todo había salido exactamente como se había planeado.

Jeremy Wilks:
¿Por qué China pidió ayuda a la Agencia Espacial Europea en lugar de hacerlo a la NASA o a la agencia rusa?

Karl Bergquist:
Bueno en primer lugar creo que nuestro centro de operaciones en Alemania es realmente uno de los principales del mundo en operaciones y seguimiento de los satélites. Lo segundo es que con los chinos tenemos unas relaciones muy amplias desde hace mucho tiempo, y creo que eso pudo ser otra razón para pedir ayuda y colaboración a la ESA.

Jeremy Wilks:
Hablemos de la Luna. La última vez que un país realizó un aterrizaje suave fue en 1976, por parte de la Unión Soviética ¿Por qué volver allí? ¿Cuál es el interés de China?

Karl Bergquist:
Bueno, creo que, por supuesto, la Luna es… hay un fuerte simbolismo en ir a la Luna, y estoy seguro de que también hay un aspecto político, el alunizaje tiene un gran e importante impacto. El segundo objetivo es, por supuesto, el tecnológico: poder aterrizar suavemente en la Luna y disponer de los instrumentos científicos para llevarlo a cabo es un gran logro tecnológico. Y la tercera razón es la exploración científica de la Luna.