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Camboya y Bangladesh, la máquina de coser de los países ricos

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Camboya y Bangladesh, la máquina de coser de los países ricos

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Desde hace semanas se vienen produciendo en Camboya y Bangladesh manifestaciones que, a veces ,derivan en disturbios. Los trabajadores del sector textil reclaman subidas salariales. Una lucha que en Camboya está siendo apoyada por la oposición al gobierno.

Esta pugna se inició tras el terrible drama que se produjo en Bangladesh el pasado 24 de abril. Ese día el edificio Rana Plaza, situado a las afueras de Dacca y que albergaba varios talleres de confección que trabajaban para marcas internacionales, se derrumbó dejando 1133 muertos. Era un inmueble viejo, lleno de grietas.

Como ese edificio hay muchos en Bangladesh, donde por una miseria trabajan abarrotados miles de obreros. Fue el accidente de trabajo más grave en la historia del país pero los accidentes son bastante comunes. 8 meses después poco se ha hecho por cambiar las cosas.

Tanto en Bangladesh como en Camboya la industria textil está en pleno auge. Contribuye significativamente en el PIB y en las exportaciones de ambos países. Emplea además a una gran cantidad de mano de obra, compuesta en Camboya, casi al 90% por mujeres.
Mujeres, hombres pero también por niños aunque las leyes lo prohíban. Todos ellos mal pagados con apenas unos 55 euros al mes mientras que en China el salario medio se sitúa en torno a los 111.

China, un país que posee una gran parte del capital en la mayoría de estas empresas y que, tras haber visto como subían los salarios entre los suyos, ha decidido subcontratar en sus países vecinos a un menor coste.
Trabajan hasta 15 horas al día, a veces los 7 días de la semana. Trabajan hasta desfallecer.

Todo el beneficio va a parar a las grandes marcas internacionales. Cuando usted compra una camiseta a 29 euros, solo 18 céntimos van a parar al bolsillo del trabajador.

29 grandes grupos internacionales de ropa tienen que ver con el drama de Dacca. Su ropa se fabricaba allí. Hasta hoy solo 3 han anunciado que podrán dinero para las indemnizaciones. Los otros prefieren cerrar los ojos.

El sur de Asia se ha convertido en la máquina de coser de los países ricos. Un sector que es vital para la economía de estos países pobres pero en el que los trabajadores apenas obtienen beneficios. Explotados por occidente e incluso por su intermediario, China, que ha decidido deslocalizar en estos países muchas de sus fábricas