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Un halcón del ejército israelí, centrado por el pragmatismo del poder

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Un halcón del ejército israelí, centrado por el pragmatismo del poder

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Hijo de judíos rusos que emigraron a Palestina, Ariel Sharón nació cerca de Tel Aviv, el 21 de febrero de 1928.

Siempre tuvo alma de militar y, de hecho, la mayor parte de su carrera discurrió en el Ejército. Tras licenciarse en Derecho, en los años setenta comenzó su carrera política. Pronto llegó al Likud como diputado, después de haber ayudado a la creación del partido.

Paralelamente, se embarcó en la defensa de los colonos religiosos. Y, en 1981, se reconcilió con su gran pasión: el Ejército.

Ministro de Defensa en el Gobierno de Beguín, Sharón fue el artífice de la llamada ‘Paz para Galilea’, la operación lanzada en el Líbano en 1982 para acabar con el problema palestino y con su viejo enemigo, Yasser Arafat. Había prometido una guerra relámpago, pero las cosas se complicaron.

Y se produjeron las matanzas de Sabra y Chatila. Milicianos cristianos libaneses penetraron en los campos de refugiados palestinos matando a entre mil y tres mil hombres, mujeres y niños. Sharón admitió que había autorizado la incursión. La matanza provocó la indignación internacional y en Israel. Sharón se vio obligado a dimitir.

Hasta 1996, con el Gobierno de Benyamín Netanyahu, Sharón permaneció en un segundo plano. Tras ser ministro de Infraestructuras, asumió la cartera de Exteriores.

Después de disputas y deserciones en el seno del Likud, en 1999 Sharón se convirtió en el líder del partido… Meses después, realizó una inesperada visita a la explanada de las Mezquitas de Jerusalén. Una provocación, para
los palestinos, que desencadenó la segunda Intifada.

Si Sharón buscó la paz fue siempre según su propia concepción, una idea vinculada a la colonización. En junio de 2002, su Gobierno aprobó la creación del controvertido muro de Cisjordania.

Presionado por la comunidad internacional, Sharón se vio obligado a hacer concesiones. En 2003, firmó la Hoja de Ruta, el plan de paz para Oriente Medio. Tras la muerte de Arafat, en 2004, retomó el diálogo con la Autoridad Nacional Palestina, y aprobó el plan de desconexión de Gaza. Una decisión que los ultraortodoxos nunca le perdonaron.

La retirada de Gaza, tras 38 años de ocupación, se hizo efectiva en agosto de 2005. Sharón se convirtió a partir de entonces en la bestía negra de los extremistas del Likud.

Harto de los ataques del ala dura de su partido, que lo acusaba de traidor, Sharón abandonó la formación, para fundar Kadima en 2005. Un partido centrista, que promovió conversaciones con los palestinos y que atrajo a muchos desertores del Partido Laborista y del Likud.

Kadima supuso un giro estratégico, una maniobra política de un adicto al poder. Además, le acercó a Shimon Peres, su antiguo rival de izquierdas.

En pocos años, el hombre obsesionado con la seguridad de Israel consiguió que se olvidara su pasado guerrero. El 4 de enero de 2006, sufrió un derrame cerebral. Durante doce semanas, el puesto de primer ministro permaneció vacío.

Desde entonces había permanecido en coma, hospitalizado con asistencia médica por decision de sus hijos. Así fue como el exgeneral acabó su vida apartado del poder.