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Tres decapitados en una pelea entre bandas de una prisión brasileña

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Tres decapitados en una pelea entre bandas de una prisión brasileña

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Esta semana el diario Folha de São Paulo publicaba en sus sitio web un vídeo en el que tres presos eran torturados y decapitados.

Los autores de la siniestra filmación son también autores de los asesinatos. En las imágenes —que han sido difuminadas por su violencia extrema— se pueden ver a las víctimas decapitadas y llenas de heridas de arma blanca. Los verdugos celebran de forma macabra la ejecución empujando los cadáveres y agitando las cabezas.

Las imágenes fueron filmadas el pasado 17 de diciembre durante un motín en la prisión de Pedrinhas, en São Luis do Maranhao, al noroeste del país. Un sindicato de trabajadores penitenciarios ha obtenido el vídeo y se lo ha enviado al diario. La polémica no deja de crecer desde que se publicó.

La Comisión de Derechos Humanos de la ONU ha pedido al Gobierno brasileño que lance una investigación. Pero según Anderson Silva, profesor de Sociología en Río de Janeiro y autor de un libro sobre las deficiencias del convulso sistema penitenciario brasileño esta controversia no debería traer grandes cambios: “ las autoridades harán uso de sus cartas habituales, prometerán poner la dignidad humana en el corazón de las prisiones, proteger los derechos de los detenidos y pasará el tiempo y todo seguirá como está en el sistema carcelario brasileño”.

Esta historia ha impactado a los brasileños por la violencia de las imágenes, pero no se trata de una novedad en el gigante latinoamericano. Las saturadas cárceles, con condiciones de vida a menudo denunciadas como “inhumanas” son a menudo escenario de violentas reyertas, secuestro y motines.

Sólo en la prisión de Pedrinhas han muerto cerca de sesenta detenidos desde enero de 2013.

Según algunos medios locales hay 2.200 presos en una cárcel con capacidad para sólo 1.700 personas.

Según la ONG Conectas la población carcelaria ha aumentado un 380% mientras que la población sólo ha aumentado un 30%.

Para la ONG esta situación insostenible no se limita a Pedrinhas. Para su directora Lucia Nader “la tragedia de Pedrinhas era inevitable y podría repetirse en cualquier momento en los establecimientos penitenciarios que se enfrentan a las mismas dificultades”. Cita sobre todo la cárcel de Porto Alegre, concebida para 2.000 plazas, en la que se hacinan 4.500 detenidos.

El juez Douglas Martin visitó Pedrinhas poco después del macabro motín. En su informe indicaba que las autoridades penitenciarias han perdido el control del centro. Constató casos de tortura, asesinatos, ajustes de cuentas y abusos sexuales, incluído a las mujeres que venían a visitar a otros presos. “Los familiares de los presos más vulnerables pagan con su cuerpo para que los internos no sean asesinados dentro de la cárcel”, denuncia su informe.


Infografía de Conectas, ONG en defensa de los Derchos Humanos en Brasil