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El fútbol español aprende a conjugar el verbo 'dimitir'

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El fútbol español aprende a conjugar el verbo 'dimitir'

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En España, el verbo dimitir aparece rara vez conjugado en primera persona. Aferrarse al sillón, sea cual sea el cargo, sin importar la naturaleza del mismo, es bastante más común que renunciar. Sin embargo, y quizás por lo que algunos califican de excesivo poder de los medios de comunicación deportivos españoles, en el ámbito futbolístico sucede más bien al contrario. Sobre todo es un fenómeno apreciable entre los llamados ‘grandes’: Real Madrid y Fútbol Club Barcelona.

Basta remontarse unos años atrás y tirar de hemeroteca para comprobar el grado de convulsión que viven de un tiempo a esta parte los palcos de madridistas y azulgranas. El último ejemplo es Sandro Rosell. Su figura ha estado en muchas ocasiones en el primer plano y no siempre por los buenos resultados deportivos de la entidad: sus flirteos independentistas (sin ir más lejos, bajo su mandato el club recuperó los colores de la senyera para su segunda equipación); su distanciamiento con una figura mítica del barcelonismo como Cruyff, al que apartó de su cargo como Presidente de Honor blaugrana (cargo concedido por la Junta de Laporta) por considerarlo alegal; su tensión casi continua con Pep Guardiola, que terminó con el adiós del entrenador más exitoso de la historia del club, un adiós polémico con Tito Vilanova como actor secundario y las relaciones entre todas las partes excesivamente enturbiadas; el trato dispensado por el club a jugadores como Abidal, que salió del club meses después de su lucha contra el cáncer, una decisión muy impopular entre el barcelonismo… Ahora es el ‘Caso Neymar’ el que le explota en las manos y le obliga a dimitir. Quienes le conocen afirman que no quiere ser un presidente imputado. Hay muchos millones, mucho dinero oscuro encima de la mesa y, presidente o no, Rosell tendrá que explicarse seguramente delante de un juez por el fichaje del brasileño. Aunque bien es cierto que junto a él, desde luego, debería estar el padre del futbolista, probablemente el más beneficiado económicamente en toda la operación si se confirman los datos que maneja la Audiencia Nacional y que ha revelado el diario El Mundo.

Los escarceos de Rosell con la Justicia tampoco son novedad. El diario brasileño O Estado de Sao Paulo publicaba en el verano de 2013 que una empresa registrada en Estados Unidos a su nombre habría recibido comisiones por varios partidos amistosos que la selección brasileña de fútbol disputó entre 2006 y 2012. Una etapa en la que el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol era Ricardo Teixeira, amigo personal de Rosell, con el que reconocía tener diferentes tratos comerciales. Teixeira, precisamente, fue acusado por la FIFA, junto a Joao Havelange, de recibir sobornos por los derechos de los mundiales de fútbol. La aparición del nombre del ya ex presidente del Barcelona en esa trama desvelada por el diario brasileño está siendo actualmente investigada por la Fiscalía del país suramericano.

Lo cierto es que Rosell, salvando las distancias y dejando al margen las causas, no es una excepción en cuanto a plantarse cara a cara con su equipo directivo para comunicarles que se va. En el seno del Barcelona, su antecesor Joan Laporta también se vio obligado a dimitir en 2006. Un juez le condenaba a convocar elecciones después de que un socio le acusara de incumplir los estatutos de la entidad en este sentido. Laporta y su equipo aseguraban que las elecciones debían celebrarse en 2007, pero la Justicia le obligó a hacerlo un año antes. Incluso se llegó a pedir su inhabilitación para el cargo, pero esto fue desestimado por el Tribunal Catalán del Deporte. Salió elegido de nuevo presidente y estuvo en el cargo hasta 2010, no sin polémica: espionaje a sus directivos, varias crisis internas, dimisiones en bloque de varios consejeros, declaraciones independentistas alabadas y criticadas casi por igual… Y todo ello a pesar de que, sobre el terreno de juego, el equipo maravillaba.

Un cargo ‘eléctrico’

El predecesor de Laporta (sin contar interinidades), Joan Gaspart, también se marchó por voluntad propia. Abandonó su cargo en febrero de 2003, solo tres años después de acceder al mismo. Muchos medios calificaron su etapa como la peor del Barcelona en décadas: millones gastados en fichajes que no rindieron, grave crisis deportiva con ausencia de títulos que desembocó también en un momento financiero no demasiado boyante y una notable división en la masa social de la entidad acabaron con su sueño.

Gaspart llegaba a la presidencia justo después de José Luis Núñez, el último ‘gran’ presidente que ha tenido el club. 22 años al frente de la entidad, exitosos en el plano deportivo y social. Sin embargo, en el año 2000 presentó su renuncia en medio de otra crisis institucional. Años después fue condenado por la Justicia a seis años de cárcel por cohecho, si bien es cierto que finalmente evitó la prisión y que este hecho nada tiene que ver con su relación con el Fútbol Club Barcelona.

En la otra acera

El otro gran club de España, el Real Madrid, tampoco es ajeno a la palabra dimisión. El actual mandatario, Florentino Pérez, cumple su segunda etapa al frente de la nave blanca. En la primera, tras los fichajes de relumbrón de Figo, Zidane, Ronaldo o Beckham, se vio obligado a presentar su renuncia. Fue en febrero de 2006. Según explicó él mismo ante los medios, confesaba haber “malcriado” a los jugadores. Todo ello después de una retahíla interminable de entrenadores posteriores a Vicente Del Bosque y una crisis de juego, resultados e imagen deportiva poco propia de un club como el blanco.

Quien sucedió a Florentino Pérez después del periodo de interinidad fue Ramón Calderón. Su mandato también terminó rodeado de polémica. Una información del diario Marca en la que se destapaba un escándalo en la Asamblea de Socios, con presencia y actuación como socios compromisarios de personas que ni siquiera eran socios del club, acababa con su etapa de tres años al frente del club. Su figura también ha estado rodeada por los largos tentáculos de la Justicia y ha sido acusado desde diferentes medios de aprovechar su etapa como presidente blanco para beneficiarse económicamente. En algunos casos esas acusaciones han sido desestimadas; en otros, no.

En el fútbol español, y saliendo de la bipolaridad Real Madrid-Barcelona, otros clubes tampoco son ajenos a este tipo de comportamientos de sus presidentes. Solo hace unos meses, el máximo dirigente del Sevilla CF, José María Del Nido, presentaba su renuncia después de ser declarado culpable en el ‘Caso Minutas’ y ser condenado a siete años de prisión. En 2013 también el presidente del Valencia, Manuel Llorente, se marchaba por voluntad propia tras nombrar el Gobierno Autonómico nuevos gestores para la Fundación del club.

Apoteosis. Es el trámite ceremonial que elevaba a un mortal al olimpo divino en el Mundo
Clásico. Para algunos presidentes, llegar a ser el máximo poder del club del que siempre han sido simpatizantes y aficionados debe de ser una sensación parecida a las que se vivían en aquellos eventos. El problema viene cuando esos dirigentes confunden sus propias limitaciones y no saben distinguir entre lo divino y lo humano.