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"Made in Europa"

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"Made in Europa"

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Hace unos años estos esquís se fabricaban en Taiwán. Hoy, estos hombres prueban el resultado de una estrategia que está dando sus frutos. Uno de los principales líderes mundiales del sector de los deportes de invierno decidió en 2010 repatriar parte de su producción a Francia.

André-Jean Kruajitch del grupo Rossignol:

“Estos esquís representan el toque francés. Con nuestra manera de hacer las cosas, nuestra experiencia, somos capaces de crear algo realmente dinámico, que da mucho juego.”

André Jean, Rossignol:

“Cuando decidimos reinstalarnos en Francia, en Sallanches, conseguimos recuperar la calidad y el acabado de los esquís.”

Desde 2008, Europa ha perdido unos 4 millones de empleos en la industria. Muchas empresas han decicido repatriar sus cadenas de producción debido a varios factores que hacen menos atractivas las deslocalizaciones.Como por ejemplo, el aumento de los costes laborales y del transporte.

En este caso, la necesidad de responder con celeridad a los pedidos de una clientela más cercana, era razón suficiente para volver al origen.

Pese a repatriar parte de su producción, los años gloriosos del grupo Rossignol quedan lejos y su capacidad para crear empleo es limitada, debido a la robotización. Tampoco hablamos de una tendencia generalizada, según algunos expertos, por cada empresa que regresa, otras diez abandonan el territorio francés.

A diferencia de Estados Unidos, con una ambiciosa estrategia de repatriación de sus cadenas de producción de Asia en el sector manufacturero, informático y electrónico, Europa se plantea, de manera más tímida y a golpe de ayudas, la reformulación de sus estrategias globales de producción.

En Alemania, por ejemplo, entre el 15 y el 25% de las delocalizaciones previstas en 2010 fueron anuladas.

En Francia, ese mismo año, el ministro de Industria diseñó un plan para aumentar la producción industrial francesa en un 25% hasta 2015. Los resultados aún no están a la altura.

En el Jura, en el este de Francia, cuna de la óptica gala, la empresa Albin Paget es una de las pocas del sector que resiste.

Una ventaja en un sector en el que el !“made in” cuenta.

José Correia, Albin Paget:

“Mire como brilla. Creo que hacemos un trabajo de calidad. Cuando me fijo en las gafas de marca, veo que no tienen un acabado como el que tienen las nuestras.”

La experiencia acumulada y la capacidad de adaptar la cadena de abastecimiento a las necesidades del mercado son esenciales para sobrevivir.

Según un estudio de OTRO Research, la mayoría de los franceses declara que “el made in Francia podría motivar su decisión de compra”.

El presidente del grupo Paget, secunda estas estadísticas.
Jean-Michel Werling:

“No podemos competir con los salarios chinos pero el diseño francés, la fabricación francesa y la rapidez con la que reaccionamos a las demandas del mercado son nuestras principales armas para seguir existiendo. Garantizamos la calidad. La tasa de devoluciones es mínima, un porcentaje muy pequeño, porque ofrecemos productos de calidad.”

Uno de los principales problemas de la reindustrialización es la falta de mano de obra cualificada, minada por décadas de desintegración del tejido industrial.

Producir de manera local y bajo nuevas modelos empresariales podría ser otra solución. Es la que han elegido estos talleres de la región lionesa, en el sureste de Francia.

Tras la liquidación de la casa Lejaby en 2011, un grupo de antiguas trabajadoras decidió crear una sociedad cooperativa que les permitiera salvar una parte de la producción de este florón de la lencería francesa de alta gama.

Este proyecto liderado por la empresaria Muriel Pernin lleva un año y medio funcionando a medio camino entre el taylorismo y la confección a mano. Los talleres han tenido que adaptarse al nuevo modelo de producción.

Tras 38 años en la antigua casa, Christiane ha querido comenzar de nuevo con este proyecto.

Christiane Favrin:

“A mi edad, es como volver a nacer. Espero que otras empresas puedan resurgir en Francia de la misma manera, porque tenemos que preservar nuestra experiencia, sólo así crearemos más empleos, hay tanta gente en paro.”

Cuando acudimos al taller hace unas semanas el libro de pedidos estaba completo, el reto para ellas era cumplir con los plazos de entrega. Para ello tuvieron que invertir en un nuevo proceso de fabricación adaptado a las series limitadas.

Muriel Pernin, presidenta y fundadora de Les Atelières:

“La deslocalización ha hecho que las grandes series se fabriquen en el extranjero. Nadie pensó en mantener aquí la producción de las series limitadas. No fabricamos 30.000 piezas de lujo, entre 500 y 1.000. Hay un mercado muy selecto, series limitadas, esa es nuestra clientela y para ello tenemos que adaptar toda la cadena de producción. Hoy, como ve, el taller está organizado de esta manera, en grupos de 5 personas, eso nos permite obtener los primeros resultados.”

Tantos esfuerzos han caído en saco roto, cuando rodamos estas imágenes, la cooperativa tenía serias dificultades financieras debido al rechazo de los bancos a otorgarles un nuevo crédito. En el momento de la difusión de este reportaje, Les Atelieres anunciaban la quiebra de la cooperativa. El fin de un proyecto en el que hace tan solo unas semanas creían.

Clarence Totor:

“Todo el mundo está muy motivado porque cuando nos lanzamos en esta aventura la situación era muy difícil, pero no quisimos desistir y, a pesar de los obstáculos, vimos que era un proyecto realizable.”

Un proyecto al que no le faltaban el talento, la experiencia y los clientes. Hoy es una empresa más que ejemplifica la desindustrialización de Europa.