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Eslovaquia: el poder de la extrema derecha en juego

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Eslovaquia: el poder de la extrema derecha en juego

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Como cada año en Eslovaquia, el pasado 15 de marzo se celebró en la capital, Bratislava, una manifestación contra el fascismo.

Bajo la lluvia, cientos de jóvenes gritaron el famoso “No pasarán”, y con motivo: la extrema derecha avanza, y ya gobierna una de las principales regiones del país.

“Actualmente, en Eslovaquia y en toda Europa los nazis han vuelto al terreno político”, aseguraba en la manifestación Martina Majerníková, estudiante.

En concreto, “estamos hoy aquí porque Marián Kotleba fue elegido gobernador de Banská Bystrica. Es un antiguo neonazi y un fascista. Estamos aquí para demostrar que no lo apoyamos. Que queremos tolerancia, no odio”, explicaba.

Mientras, un acto público muy distinto se celebraba en la ciudad de Nitra, a 100 kilómetros de la capital: la conmemoración de la primera independencia del país, declarada en 1939 por el régimen pro hitleriano de Josef Tiso.

El propio Marián Kotleba, hombre fuerte del pequeño partido ultranacionalista “Nuestra Eslovaquia” y desde noviembre, gobernador regional, lleva la batuta del encuentro con medio centenar de sus partidarios.

En medio del recelo por la presencia de cámaras en el acto, uno de los nuevos representantes locales del partido accede a explicar qué promueve la formación: “Solo queremos defender al pueblo eslovaco, privilegiar los valores tradicionales, ponerlos a buen recaudo, y hacer leyes que sean favorables a nuestro pueblo”, afirma Ján Kečkéš.

Kotleba, de 36 años, es un lobo con piel de… lobo.

Aunque haya suavizado sus formas y dejado atrás el discurso radical con el que empezó su andadura política hace una década, como líder de un grupúsculo de extrema derecha, sigue manteniendo un aspecto y unos ademanes como poco intimidantes.

Acostumbrado a los altercados con la policía y arrestado en varias ocasiones, nunca ha sido condenado.

“Nuestra Eslovaquia”, su nuevo partido, respeta la constitución al menos en teoría, pero el enérgico discurso contra todo enemigo de la nación, empezando por la Unión Europea, delata sus raíces ultranacionalistas.

En la actualidad, Kotleba se proclama defensor de un estado eslovaco más justo y de los ciudadanos “decentes” que habitan en él.

Su discurso le ha valido casi el 56 % de los votos, gracias en parte a una altísima abstención, en una región con un paro del 18 % y unos salarios que llegan a ser dos veces inferiores a los de Bratislava.

Votos de protesta en buena parte contra la incompetencia y la corrupción de la clase política dominante eslovaca, igual de desprestigiada que en otros países europeos.

La fábrica de armas Grand Power es una de las pocas que prosperan en Banská Bystrica. Su director, antiguo miembro fundador del partido social-demócrata SMER, hoy en el poder, apoya ahora a Marián Kotleba.

“La situación económica en Eslovaquia se ha degradado muchísimo desde que entró en la Unión Europea. Sobre todo, desde la puesta en marcha de las normas comunitarias, que han liquidado buena parte del tejido industrial eslovaco”, se queja Jaroslav Kuracina.

El empresario cree que Kotleba es el único que quiere combatir la corrupción política y la red de clientelismo que afecta a las empresas locales, el único que ha prometido sacar al país de la zona euro.

No en vano, desde la entrada de Eslovaquia en la moneda única, la inflación sube un 4 % anual mientras el salario medio se ha estancado en menos de 800 euros al mes.

Pero cuando se habla de objetivos internos, el enemigo preferido es la comunicada gitana, un 9 %de la población total.

Marginada y acusada con frecuencia de vivir de las ayudas sociales, dos tercios de sus miembros están en paro.

La estigmatización de los gitanos, a los que llama directamente “parásitos”, junto a los ataques a la minoría húngara del país, se han convertido en habituales en sus discursos

Aunque no se ha presentado a las últimas presidenciales, Kotleba sí tiene intención de competir en las elecciones europeas y es probable que se presente a las legislativas de 2017.

La actuación del líder de “Nuestra Eslovaquia” en los próximos meses como gobernador será el termómetro que mida el futuro político de su partido.