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La Copa de Bale

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La Copa de Bale

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100 millones, un gol y un título. El Real Madrid de Ancelotti y, esta vez, de Gareth Bale en ausencia de Crisitiano Ronaldo, sumó su primer título a costa de un Barcelona deprimido, contagiado del estado de ánimo de un Messi cabizbajo, desconocido, desdibujado. Fue el galés el protagonista, quien decidió una final de estilos. 2-1 para los blancos.

La salida al terreno de juego del Real Madrid quizás sorprendió al Barcelona: líneas de presión adelantadas, salida rápida y poco espacio entre el centro del campo y la defensa, es decir, el coto privado de caza de Iniesta y Messi. La sorpresa fue aún mayor cuando una recuperación de Isco dio origen a un contragolpe perfectamente trazado que dejó a Di María encarando a Pinto con la única compañía de Jordi Alba. Su disparo cruzado fue suficiente para abrir la cuenta.

Los blancos, por delante en el marcador, quisieron variar su plan para dosificarse. Era momento para resguardarse, quizás demasiado pronto. El Barcelona empezó a ganar metros y a rondar la portería de Casillas, si bien es cierto que sin demasiada claridad. Incluso la mejor ocasión la tuvieron los madridistas en otra contra en la que Mascherano se cruzó para evitar el gol de Isco. El Madrid no se dejaba hacer y el Barcelona tenía muchas dificultades, por lo que el 1-0 para los blancos fue el marcador al descanso.

Tras el paso por vestuarios el Tata Martino quiso mover fichas. Adriano entró por un ‘tocado’ Alba y poco después Pedro lo hizo por Cesc Fábregas, demasiado diluido. Fue, sin embargo, en una acción a balón parado y solo unos minutos después de que el colegiado anulara un gol a Bale y de dos claras ocasiones blancas, cuando llegó el empate del Barcelona. Bartra, libre de marca, remataba de cabeza un córner lejos del alcance de Casillas (minuto 68).

A partir de ese momento comenzó un intercambio de golpes, un cara a cara entre dos estilos con un título en el horizonte. Y en esas apareció Gareth Bale. El hombre de los 100 millones, de quien decían que no aparecía en las grandes citas, esta vez sí lo hizo. Y fue para decidir. De un balón suelto en la zona ancha arrancó una carrera enorme, como si de la final de los 100 metros lisos de unos Juegos Olímpicos se tratara, superando a su par y encarando a Pinto. Le bastó con un mínimo toque para colocar el balón donde quería: en el fondo de las mallas. Un gol, un título. Quien sabe si el primero de un triplete para los blancos. Para el Barcelona, en cambio, es la confirmación de un año aciago: eliminado en la Liga de Campeones y con opciones reducidas en la Liga, la Copa era el útimo trago. Pero esta vez la fiesta se fue a Madrid.