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Fallece "Gabo": nos queda García Márquez

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Fallece "Gabo": nos queda García Márquez

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En 2006 se revelaba en su última entrevista concedida que García Márquez había dejado de escribir. Su última obra literaria “Memoria de mis putas tristes”, ya mostraba a modo de profecía —muy adecuado al realismo mágico— la decadencia de un patriarca que consiguió lo impensable: la reconciliación de las escuelas periodística y literaria. No como una actualización del nuevo periodismo, sino como genuina prosa que llamaba a unos y a otros. Si “Relato de un náufrago” sigue siendo referencia para aquellos que quieren contar noticias, “Cien años de soledad” lo es para los que se aventuran en la ficción.

Su generación de escritores, la llamada del “boom latinoamericano” nació en Barcelona y en Europa, aunque no tenía nada de europea y mucho de americana. Grandes nombres como Cortázar, Donoso, Lezama Lima, Roa Bastos, Fuentes, Vargas Llosa… y García Márquez cambiaron para siempre la narrativa en español al nivel de lo que hizo Rubén Darío con la poesía un siglo atrás.

De todos ellos García Márquez era el más rebelde políticamente —o incomprendido según se mire— y, durante mucho tiempo, el único que había recibido el premio Nobel. Fue en 1982. Vargas Llosa, su gran rival, lo recibió en 2010. Ambos edificaron sin quererlo una de las grandes disputas personales de la literatura en español, al nivel de la que Quevedo y Góngora llevaron a sus páginas. Aunque en su caso —y quizás más acorde a una época más materialista—, la ruptura empezó con un puñetazo directo al ojo del peruano al colombiano y el ostracismo del uno para el otro. Un derechazo en una noche defeña de 1976 por uno de estos dos motivos igualmente plausibles: una disputa por celos que incluía a la esposa del peruano o una desavenencia por la cercanía cada vez más evidente de Vargas Llosa a los principios del conservadurismo. Sea como fuere, merced a un pacto de caballeros que consagró el incidente a la omertá literaria, la amistad quedó irremediablemente rota.

Y es que la política fue una de las fallas que separaba a García Márquez del resto de sus compañeros. Los había “no intervencionistas” como Cortázar, “liberales” como Vargas Llosa, “progresistas” como Fuentes, pero ninguno hizo tantos viajes a Cuba, ninguno apoyó tanto al ala bolivariana del continente como García Márquez, que incluso en su discurso en Estocolmo recordó el escenario político particular de América Latina.

A sus 87 años su literatura se había ya apagado y su mente, afectada por el alzhéimer, le alejaba de aquel personaje que ha arrojado su sombra inevitable sobre las letras americanas. Esta noche, y bajo el cielo del DF, en el que también este año nos han dejado los poetas Juan Gelman y José Emilio Pacheco, García Márquez se ha marchado definitivamente dejando que camine ya su mito.