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El hambre del Atlético no conoce límites

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El hambre del Atlético no conoce límites

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Cuando uno tiene hambre, busca algo que llevarse a la boca donde sea. Eso es lo que le sucede a este Atlético de Madrid: está hambriento, quiere títulos, quiere gloria. Y le da igual buscarla en la Liga que hacerlo en Europa. El resultado está ahí: a punto de conquistar el campeonato doméstico y en la gran final de la Liga de Campeones después de ganarle 1-3 al Chelsea en el partido de vuelta. Allí, en Lisboa, se verá las caras con el Real Madrid. Final soñada por muchos, española, madrileña, con morbo. Un derbi local en una final europea, un hecho inédito.

Lo mereció el Atlético porque fue mejor durante los 180 minutos de la eliminatoria. El gol de Fernando Torres para el Chelsea en la primera parte del duelo en Stamford Bridge fue un mero espejismo que se encargó de borrar de un plumazo Adrián antes del descanso. En cuarenta y cinco minutos, el Atlético ya había obligado al Chelsea a irse al ataque casi a la desesperada. Así, en la segunda parte, los ‘blues’ se abrieron y lo pagaron caro.

El Atlético encontró más espacios, se vio más cómodo, superior a un rival al que le pesaban las piernas y sin chispa más allá de los detalles de Hazard. Un Chelsea acostumbrado a ser comedido en sus formas, contenido. Diego Costa castigó esa excesiva mesura, por decirlo de algún modo, con un tanto de penalti, muy claro, cometido sobre él mismo. Y poco después, Arda Turan ponía los dos pies del Atlético en Lisboa.

Los minutos por delante fueron una mezcla de máxima concentración y de ilusión desbordada para los colchoneros. El pitido final fue la llave que abre la puerta del lisboeta Estadio de La Luz. Allí ya esperaba el Real Madrid. Un derbi madrileño que decidirá quién es el rey de Europa.