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Un pueblo sediento de cambios y harto de la violencia

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Un pueblo sediento de cambios y harto de la violencia

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Los iraquíes acuden este miércoles a las urnas sedientos de cambio. Esperan que estas elecciones remuevan un país gangrenado por la corrupción, sin apenas servicios públicos, con fuertes tensiones intercomunitarias y en el que cada día se suceden los atentados. La violencia se ha cobrado unas 3000 vidas en tan solo cuatro meses.

La seguridad es el gran desafío de estos comicios. En la capital, Bagdad, el tráfico de vehículos ha quedado prohibido durante la jornada electoral.

“No queremos esta vida”, nos dice una mujer. “No nos gusta lo que ocurre, las explosiones y todo eso. Si Dios quiere, acabarán las explosiones y se arreglará la situación, para que podamos vivir en paz”.

“Estas elecciones son un reencuentro entre Irak y los iraquíes. Queremos que cambien las cosas. Es nuestro objetivo, que Irak avance por el buen camino y no vuelva atrás”, afirma un hombre.

A pesar de los medios desplegados, ya se han registrado varios ataques con una decena de muertos y numerosos heridos. En las 72 horas previas al comienzo de los comicios hubo un centenar de fallecidos.

“La Comisión Electoral iraquí se ha preparado de forma muy profesional para estas elecciones. Tiene una gran capacidad y todas las fuerzas políticas pueden confiar en que hará lo posible para que estos comicios se celebren de forma adecuada”, dice el enviado especial de la ONU, Nikolai Miladinov.