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El Día D de un veterano canadiense: "La libertad tiene un precio"

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El Día D de un veterano canadiense: "La libertad tiene un precio"

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Ernest Côté, veterano canadiense a punto de cumplir 101 años, nos cuenta como fue su Día D.

Lo hace desde el cementerio canadiense de Beny Reviers, donde descansan 2.200 canadienses, cerca de Juno Beach, donde desembarcó por primera vez en Francia.

Este antiguo teniente coronel de la tercera división de infantería canadiense celebró su 31 cumpleaños en Normandía, el 12 de junio de 1944.

“El desembarco para los canadienses había comenzado hacia las ocho, creo. Todo iba bien, excepto que había muertos por todas partes”, recuerda.

Tampoco ha olvidado la flema de los soldados británicos, que no perdonaron la hora del té ni siquiera el Día D.

“Estaban apoyados contra la rampa, bebiendo una taza de café, bueno, de té, así que tuve que decirle a un capitán: ‘escuche, cuando haya terminado su té, tenemos que sacar de aquí los muertos lo antes posible, ya que no es bueno para la moral de la tropas que vienen’”, cuenta.

Y quien hubiera dicho que hace 70 años existían ya las bicicletas plegables y que iban a utilizarse en tan histórico día, como el del desembarco de Normandía.

“Durante la planificación, debíamos alcanzar un objetivo, que se encontraba a 8 kilómetros, pero la infantería… la ‘Pedibus jambis quae’, como se dice en latín, no iba suficientemente rápido. Entones, durante la cuarta ola de soldados, les proporcionamos al menos un centenar de bicicletas plegables para alcanzar su objetivo”, dice.

Ernest Côté recuerda el júbilo con el que los normandos recibieron a los soldados canadienses.

“Fueron los primeros en tener prisioneros alemanes. Los normandos acogieron a los soldados canadienses con un poco de calvados y todo lo demás. Estaban felices como príncipes, a pesar de que habían perdido mujeres e hijos y sus casas. Los normandos sufrieron mucho y cuando hoy vemos la prosperidad, es increíble. Es la prosperidad que proviene de su liberación del yugo nazi”, explica.

Setenta años después, ante las tumbas de los que fueron sus compañeros, este veterano canadiense sabe muy bien cuál es el precio de la libertad. Explica su sentimiento, en este lugar, en este momento.

“Para mí es un recuerdo de los que por desgracia tuvieron que perder su vida aquí, pero qué quieres, la libertad tiene un precio y venir a ver estas lápidas, bien alineadas, es el sacrificio que estas personas hicieron por la libertad”, asegura.

“En estos tranquilos campos normandos, el cementerio canadiense de Beny Reviers es un conmovedor lugar para el recuerdo. Más de 2.000 hombres descansan aquí. El soldado canadiense más joven enterrado en Normandía sólo tenía 16 años”, explica la enviada especial de euronews, Laurence Alexandrowicz.