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¿Será este Mundial algo más que una gran fiesta deportiva?

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¿Será este Mundial algo más que una gran fiesta deportiva?

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La afluencia de visitantes hace presagiar, también, un auge del turismo sexual y la explotación de menores.

Lejos de los estadios del Mundial de fútbol de Brasil, Thiago y sus camaradas han encontrado, aquí, un aliciente para sus vidas.

El fútbol es una de las alternativas que ofrece la asociación Barraca da l’Amizade a los jóvenes de los barrios desfavoreciddos de Fortaleza, capital de la región de Ceara, en el norte de Brasil.

Thiago Emanuel da Silva Bandeira:
“Representa mucho para mí, el fútbol es mi vida.”

El deporte permitió a Thiago salir de la espiral de violencia y drogas en la que se ven atrapados muchos jóvenes aquí.

Rita de Cássia, madre de Thiago:
“Van de un lado para otro porque no saben lo que hacer, caen en las drogas, en la delincuencia, roban.”

Los esfuerzos de las asociaciones no son suficientes para responder a todos los problemas sociales que se generan en barriadas como estas.

Ivannia Andrade, trabajadora social de la Barraca da l’Amizade:

“Las políticas públicas son frágiles por falta de medios. Cuando comenzamos a trabajar en esta comunidad nos dimos cuenta de las dificultades que encontraríamos. La realidad, aquí, es muy diferente a la de los barrios de la costa, donde, también, hay mucha explotación sexual. Muchos jóvenes de aquí se prostituyen allí, en esos barrios más frecuentados.”

Al caer la noche, en las playas que bordean la ciudad nos damos de bruces con la triste realidad por la que es conocida Fortaleza, la capital brasileña del turismo sexual y la explotación de menores.

La presencia de más de tres millones y medio de visitantes nacionales y extranjeros durante el Mundial amplificará este fenómeno.

La responsable del centro de ayuda para menores del ministerio público de la región de Ceara no tiene dudas al respecto:

“La explotación sexual es un crimen muy complejo porque implica a toda una red desde el sector del turismo, los hoteles, los taxistas, los funcionarios, la policía y los responsables de los servicios públicos.”

Las autoridades han prohibido a las prostitutas el acceso a las inmediaciones del estadio de fútbol Arena, en la periferia de la ciudad.

Es, precisamente, allí, donde encontramos a Daiana. Tiene 17 años, menores como ella deambulan por esta zona a diario.

Daiana: “Los policías nos persiguen muy a menudo. Nos piden dinero o abusan sexualmente de nosotras, tenemos que acceder para que nos dejen trabajar aquí.”

Los moteles que no cesan de surgir por todos los rincones de la ciudad, también, contribuyen al auge de la prostitución al hacer la vista gorda cuando los clientes entran acompañados por menores.

La prostitución se camufla y, a veces, es difícil identificarla, según la responsable de la asociación la Barraca da Amizade.

Brigitte Louchez:
“Ahora los extranjeros que buscan a menores de edad no acuden a los hoteles. Existen otras fórmulas, como los conocidos “paquetes”, es decir, alquilan una casa en la playa en la que vienen incluidos los denominados “acompañantes”, que ellos mismos eligen, todo va incluido en el precio del alquiler; así que, lo tienen todo: la casa, la playa y los acompañantes que les esperan. Es difícil denunciar este tipo de situaciones.”

El tráfico de menores también tiene varias caras. Nos explica la complejidad de este fenómeno la portavoz de la asociación de prostituas del Estado de Ceara, Alice Oliveira:
“No se trata solo de extranjeros, hay más gente implicada en el tráfico de menores, incluso las propias familias, muy pobres, exponen a sus hijos e hijas. A veces, esas familias acceden a cambio de dinero o prefieren cerrar los ojos para obtener ciertos beneficios.”

Una campaña de sensibilización en la que ha participado la Unión Europea ha sido lanzada con ocasión del Mundial de Fútbol.

Es la cara más internacional de un programa para la reinserción de jóvenes salidos de la prostitución que la Federación de Industrias Brasileñas financia a través de la asociación Vira Vida.

El problema, nos explica la coordinadora local de este programa, es que reina la impunidad y los traficantes son raramente encarcelados.

Ana Isabel Cabral:
“Se consiguen denunciar algunos casos, pero al final, casi todos son archivados, los grandes traficantes nunca son condenados. Vivimos en una sociedad machista y mucha gente considera que la explotación sexual no es un crimen.”

Según cifras de la policía federal, unos 250.000 menores están expuestos a la prostitución en Brasil.

Brigitte Louchez, coordinadora de Barraca da l’Amizade:

“Va a ser una catástrofe, porque el estadio está situado en un lugar donde libran una guerra los cárteles de la droga. El tráfico de drogas y la explotación sexual están ligados. Y, para colmo, la mayoría de los chicos y chicas que se prostituyen en los alrededores del estadio fantasmean con ese sueño americano, o europeo: “voy a encontrar a un gringo que me va a sacar de aquí, me voy a casar con él y me va a llevar con él.”

Daiana:
“Me gustaría que este Mundial nos ayude a mí y a muchas chicas. Me gustaría que alguien me ayudara, que sea solo para mí. Me gustaría tener los medios para alimentar a mi hija sin tener que prostituirme.”

Las calles son su única salida desde hace 4 años.

Tras hablar con ella, Daiana nos invita a conocer su casa, en una favela en los alrededores del estadio.

Hace unas horas, Daiana acogía al bebé que su hermana, de 16 años, acaba de tener.

Ella sola, con 17 años, se ocupa de 7 menores, los otros dos hijos de su hermana, de sus tres hermanos pequeños y de su propia hija, de un año.

Todos cohabitan en un barraca insalubre de dos habitaciones.

Daiana:
“No tengo elección, la prostitución es lo único que puedo hacer para poder dar de comer a mis hermanos, a mis sobrinos y a mi hija. Su padre se fue, solo me tiene a mí. Mis propios padres son unos irresponsables, no me ayudan en nada.”