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Un Ejército que sobrevive gracias a la caridad

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Un Ejército que sobrevive gracias a la caridad

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Sin chalecos antibalas, sin cascos y mal armados. Así se fueron al frente del este buena parte de los jóvenes soldados ucranianos. El arruinado Ejército apenas les proporciona una cama, un fusil y unas pocas municiones. El hermano de Maxim es uno de esos chicos. Fue enviado a combatir el mes pasado con el batallón Kyivshchyna, del que forman parte unos 200 militares.

“Cuando le mandaron allí, le pregunté: ¿Qué tenéis?. Y él me dijo: algo de munición y unas pocas armas, eso es todo. ¿Y chalecos antibalas? No, de eso no tenemos, respondió. Me pasé una semana buscando un chaleco antibalas y se lo envié”, nos cuenta.

En esas circunstancias, la caridad se ha vuelto vital para el Ejército ucraniano. Por un lado están las donaciones de empresarios, por otro, la generosidad de la gente de a pie.

“El Estado les da un subfusil, una cama y, a veces, chalecos antibalas. Pero 300 soldados pueden recibir, a veces, 100 chalecos”, dice un voluntario.

El portavoz del ministerio de Defensa, Bohdan Senyk, se defiende de las acusaciones: “Antes, los chalecos antibalas no se utilizaban. Solo se les proporcionaban a los contingentes que llevaban a cabo misiones de paz en el extranjero y a la Guardia Nacional. Pero eran unos pocos soldados”, afirma.

Las fábricas ucranianas apenas producen unos 250 chalecos al día, pero se necesitan decenas de miles. Entretanto, la población aporta lo que puede: latas de conservas, medicinas y hasta botas. Una fundación caritativa envía cada semana un camión con cinco toneladas de suministros de todo tipo a tres batallones desplegados en las regiones del este.