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Las luces y las sombras de Brasil 2014

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Las luces y las sombras de Brasil 2014

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“¿Dónde está todo ese levantamiento social del que se hablaba?
Tengo que felicitar, ya lo he dicho, tengo que felicitar al pueblo de Brasil”.

Muchos brasileños sugerían de esta forma qué hacer con los halagos bilingües del presidente de la FIFA Joseph Blatter sobre el desarrollo del Mundial de fútbol que acababa de finalizar en su país.

Desde luego, Blatter y los suyos tienen motivos para estar agradecidos. Porque las protestas sociales masivas contra los enormes costes del evento que habían comenzado un año antes no presagiaban nada bueno.

Por no hablar de los sudores fríos ante el retraso en las obras de varios estadios, aún sin acabar a solo unos días de la inauguración del campeonato.

Pero, finalmente, y a pesar de tantas dudas, los ánimos de los manifestantes se calmaron y las instalaciones estuvieron listas a tiempo.

Además, el miedo a la violencia y al aumento de precios no ahuyentó a los turistas, que inundaron las playas tanto de Río de Janeiro como de otras localidades menos conocidas.

Superando las mejores previsiones, diez millones de pasajeros han circulado durante el transcurso del Mundial por los principales aeropuertos de Brasil. Casi 700 000 turistas de 200 nacionalidades diferentes entraron en el país en un mes, un 132% más que en las mismas fechas de 2013.

Un éxito turístico a un alto coste. Al menos ocho obreros murieron en las obras contrarreloj, dos de ellos en el derrumbe de este viaducto. Obras que también provocaron el desalojo de muchas familias.

Y si las movilizaciones sociales fueron a menos se debe en parte a que las calles fueron literalmente tomadas por las fuerzas de seguridad. Cienmil policías y cincuentamil soldados fueron desplegados por todo el país.
Un dispositivo inédito de casi 630 millones de euros considerado excesivo por muchos.
Una vez finalizada la protección de aficionados y jefes de Estado, la calle podrá volver a tener la palabra.