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El último viaje del Costa Concordia

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El último viaje del Costa Concordia

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Entre sirenas y aplausos, el Costa Concordia ha emprendido su último viaje, el que le llevará directamente al desguace.

En la isla italiana de Giglio, cientos de personas han despedido al mastodonte, dos veces y media más grande que el Titanic.

Tras ser girada 180 grados para colocar su proa en dirección norte, hacia Génova, la nave entró en el Mar Tirreno.

El ingeniero sudafricano Nick Sloane, que dirige esta operación sin precedentes por la magnitud de la nave, intenta conservar la sangre fría.

“Tenemos que ir a Génova, este es un gran día para Giglio. Pero tenemos que llevar el barco allí. Una vez en Génova podré relajarme”.

Se espera que llegue el próximo domingo. Finalizará así la faraónica operación efectuada por el consorcio ítaloestadounidense Titan-Micoperi.

Un dispositivo que le ha costado mil quinientos millones de euros al armador Costa Crociere, del grupo estadounidense Carnival.

En la noche del 13 de enero de 2012, el crucero de lujo se acercó demasiado a la costa de la isla de Giglio y chocó contra un escollo. El impacto rompió el casco y la nave naufragó. La evacuación de las 4200 personas a bordo fue caótica. 32 perdieron entonces la vida.

Una tragedia en la que sobresale la cobardía del capitán, Francesco Schettino, que abandonó la nave antes que los pasajeros.
En la isla se temía otra catástrofe, la ecológica.

Aunque lo más urgente era recuperar a los desaparecidos. Los buzos no encontraron supervivientes, solo cadáveres. Sigue faltando por recuperar el cuerpo de un camarero indio. El pasado febrero, hubo que sumar otra víctima: Un submarinista español que trabajaba en el reflote de la nave, que murió desangrado.

Para evitar la fuga de carburante en esta reserva marina, una de las más importantes de Europa, ha sido necesario vaciar las 2400 toneladas de los depósitos de combustible.
Tras la marcha de la nave se limpiará el lecho marino y se volverá a plantar la flora.

La operación de reflote comenzó en septiembre de 2013. Una maniobra en la que se tardaron casi veinte horas.

Las 12.000 toneladas de embarcación recorrerán los 300 kilómetros de trayecto a una velocidad de 3,7 kilómetros por hora. Se mantendrá a flote gracias a 30 cajas metálicas de aire atadas al casco.

El Costa Concordia es arrastrado por dos remolcadores, y en el camino será asistida por catorce naves de diferentes pabellones. Estas recuperarán los objetos que caigan al mar. También se emplearán barreras anti-petróleo y aparatos infrarrojos que detectan líquidos tóxicos.