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Yazidíes, una minoría perseguida durante siglos

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Yazidíes, una minoría perseguida durante siglos

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Por ahora son apenas unos cincuenta pero, poco a poco, los voluntarios yazidíes siguen llegando a un campo de entrenamiento situado en la frontera kurda. Quieren luchar contra los yihadistas del Estado Islámico tras los ataques sufridos por los miembros de su comunidad en el norte de Irak en las últimas semanas.

“Hemos venido a este campo para entrenarnos y defender a nuestras familias, nuestro honor y nuestra tierra, explica Hussein Mired, uno de los voluntarios. Las fuerzas kurdas nos están ayudando mucho. Nos han dado comida, uniformes y armas”.

Los yazidíes pertenecen a una minoría preislámica cuyas raíces se remontan a 2.000 años antes de Cristo, según algunos expertos.

Los yazidíes hablan un dialecto derivado del kurdo. Su religión, heredera del zoroastrismo persa, concilia distintas doctrinas.

Entre sus creencias se encuentra la adoración al ángel caído, llamado Melek Taus, al que los yazidíes representan con la figura de un pavo real. Una figura que las principales religiones monoteístas, entre ellas el Islam, vinculan con el diablo.

El mayor ataque perpetrado contra esta comunidad fue llevado a cabo por Al Qaeda en agosto de 2007 con cuatro atentados suicidas cerca de la ciudad de Mosul. Según datos de la Cruz Roja, 250 yazidíes murieron en estos ataques.

Aunque no existe un censo oficial, se calcula que profesan esta confesión entre 500.000 y 800.000 personas, algunas de las cuales se han refugiado en Europa, sobre todo en Alemania. Pero la mayoría se encuentran en el noroeste de Irak, en el noroeste de Siria y también en Turquía.

Los yazidíes consideran el Monte Sinyar como su tierra.

“No sé si podremos volver un día a nuestra tierra. Ahora no queremos volver a Sinyar, asegura un hombre. Si las cosas siguen como hasta ahora, no podremos volver. Si lo hiciésemos, todos moriríamos mañana mismo”.

Los islamistas consideran a los yazidíes como un pueblo irrecuperable y, por lo tanto, destinado a morir. Los miembros de esta comunidad milenaria solo pueden contar ahora con la ayuda de las fuerzas kurdas y de los occidentales para sobrevivir a esta nueva persecución.