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La vuelta al mundo más rudimentaria

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La vuelta al mundo más rudimentaria

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Dar la vuelta al mundo en un velero de 6 metros y medio: es el reto de Yvan Bourgnon. El skipper suizo, antiguo ganador de la Transat Jacques-Vabre junto con su hermano Laurent, salió desde Sables d’Olonne en octubre de 2013 para atravesar el Atlántico y más tarde el Pacífico. Su barco quedó dañado en Sri Lanka pero espera repararlo para completar su desafío. Bourgnon nos cuenta su aventura.

Euronews:

“Se ha dado a conocer por sus regatas transatlánticas. Esta vez ha decidido abandonar su maxi-trimarán para dar una vuelta al mundo con un pequeño catamarán sin ayuda tecnológica.
¿Por qué esta idea un poco alocada, de dar la vuelta al mundo a la vieja usanza?”

Yvan Bourgnon:

“De hecho, he tenido la gran ventaja de navegar con mis padres cuando era pequeño, y ya entonces lo hacíamos de una manera bastante depurada, al estilo de Tabarly o Moitessier.
Para conseguir navegar como lo hago tuve que volver a los principios de la vela: navegar sin tecnología, sin ayuda externa. Una navegación centrada en hacer frente a los elementos, al mar.
Cuando hay una tormenta, hay que saber gestionarla, sufrirla para poder tomar decisiones y no refugiarse en el casco”.

Euronews:

“¿Cómo se orienta? Porque no utiliza GPS…”.

Yvan Bourgnon:

“Mis padres me enseñaron a navegar con un sextante y soy un apasionado de la astronomía, por lo que me hizo mucha ilusión dar la vuelta al mundo guiándome por el cielo, ya que evoluciona gradualmente, como mi circuito. Quería reencontrar las estrellas que conocía de pequeño y a guiarme a partir del cielo. Es una sensación única conocer tu posición calculando el ángulo entre el sol y el horizonte, entre el sol y las estrellas; es absolutamente increíble”.

Euronews:

“El hecho de no contar con tecnología ni con comunicación con el exterior, también es un problema…”

Yvan Bourgnon:

“Sí, sobre todo el no tener asistencia meteorológica porque incluso en la Vendée Globe hay informaciones muy precisas sobre las embarcaciones y los navegantes consiguen superar depresiones, tormentas… mientras que yo me adentro en la tormenta sin darme cuenta porque no dispongo de información. Así que se trata de volver a aprender a navegar, enfrentándote a los elementos. Tienes que navegar con las inclemencias de Eolo”.

Euronews:

“¿Qué hace cuando se encuentra con una tormenta con una embarcación como la suya”?

Yvan Bourgnon:

“Durante esta vuelta al mundo me he enfrentado a más de cinco tormentas con vientos de más de 100km/h. Inmediatamente te encuentras con olas más grandes que la embarcación, por lo que acabas sin velamen, pero hay que conseguir controlar el velero a través del oleaje. El barco a veces puede navegar a 50 km/h. Es una embarcación ligera y sin vela puede elevarse con el viento. A veces me veo obligado a reducir la velocidad con un ancla flotante, así que es una especie de pilotaje que he aprendido según he ido navegando. He volcado un par de veces, con lo que he tenido que aprender a enderezar el barco, lo cual no es fácil, ya que pesa unos 600 kilos y aunque soy fuerte, eso es mucho. Estabilizarlo es un procedimiento que lleva de dos a tres horas.

La segunda vez que volqué era de noche y me encontré bajo el agua con el mástil dando vueltas en todos los sentidos. Entonces hay que bajar las velas, subirse al casco del barco y hacer rotar el mástil. Es una operación bastante peligrosa”.

Euronews:

“Naufragó en Sri Lanka el pasado 1 de agosto”…

Yvan Bourgnon:

“Me dormí cinco minutos, solo cinco, y me encontré varado. Mi barco quedó dañado. He navegado por todos los oceanos pero me sentí como un idiota pegado a una roca. No dormí durante cuatro días y me quedé dormido cinco minutos. Lo di todo por este desafío. No sé cómo pude cometer ese error.

Euronews:

“Cuéntenos qué ocurrió”.

Yvan Bourgnon:

“En realidad la parte final del viaje fue lo más duro para mí, es decir, el cruzar el oceano Índico, mi último oceano. En primer lugar, sufrí dos monzones en un espacio corto de tiempo. El monzón implica vientos de más de 100 km/h con fuertes lluvias que duran más de 12 horas.

Sufrí dos en tres días. Salí un poco tocado, los vientos continuaron y el barco siguió navegando con dificultades. Así estuve durante ocho días y los últimos cuatro estuve prácticamente sin poder dormir. Cuatro días muy exigentes sin poder descansar. Poco después me aproximé a la costa y pensé que ya podía respirar a menos que fuera una alucinación.

Vi a un tripulante y buques de carga por todas partes, perdí la noción del tiempo y de la distancia, fue una locura.

Y justo antes de llegar, el viento se calmó milagrosamente, así que pensé que era el momento de dormir. Me dije ‘ahora puedes descansar y recuperarte y volver al puerto en buen estado’.

Pero justo entonces el piloto automático se desreguló. Me desperté cuando el barco estaba en lo alto de una ola de cuatro/cinco metros, con lo que acabó volcando. Fue realmente violento.

Euronews:

“¿Cómo consiguió sobrevivir a eso?”

Yvan Bourgnon:

“Tuve mucha suerte. Cuando salí despedido del barco, pude agarrarme en la parte inferior del trampolín. Casi me ahogué, pero conseguí subir y me salvé. Mi querido barco me protegió cuando golpeó las rocas, fue un colchón aunque sufrí sacudidas importantes. Aún hoy tengo una hernia discal.

Luego poco a poco el barco fue quedado varado en las rocas. Pude salir de él saltando sobre ellas, pero tuve muchísima suerte. Si no hubiera saltado del barco, me habría dado con la cabeza contra las rocas, pero fui muy afortunado”.

Euronews:

“Su vuelta al mundo ha sido interrumpida. Ahora busca reparar su barco…”

Yvan Bourgnon:

“Se han recuperado algunas piezas, las alas han quedado intactas. Han muchas piezas que se han podido recuperar así que podré darle una segunda vida a la embarcación y, si todo va bien, continuar con mi periplo a finales de año”.

Euronews:

“Si continúa su viaje, deberá cruzar el golfo de Adén, guarida de los piratas somalíes, donde nadie se aventura a ir. ¿No le parece demasiado arriesgado?”

Yvan Bourgnon:

“Sí y no. Creo que los piratas están un poco desalentados porque no ha habido tráfico marítimo por la zona durante los últimos seis o siete años. No tienen qué robar porque todo el mundo ha abandonado esa región. Por ello creo que hay muchos menos ataques y a mí no me pueden quitar apenas nada. No tengo tecnología, ni alcohol, no me pueden robar nada”.

Euronews:

“Ha cubierto cuatro quintas partes del recorrido. Imagino que su peor recuerdo fue su naufragio en Sri Lanka. Cuál es su mejor recuerdo?”

Yvan Bourgnon:

“Los mejores recuerdos normalmente suelen ser aquellos en los que no hay nada que contar, pero tengo un buen recuerdo de cuando cruzaba el Pacífico, tras salir de las Galápagos. El primer día me desperté al lado de un león marino que se había subido al velero, toda una anécdota. Luego continué con una travesía en el Pacífico fantástica, con viento moderado, donde me sentí increíblemente bien. Nunca tuve ninguna sensación de estrés y el barco nunca tuvo ningún problema. Crucé el Atlántico en 20 días y disfruté muchísimo. Por cosas como estas decidí dar la vuelta al mundo. El 10% son grandes dificultades, pero el 90% es felicidad.”