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Mónaco, con vistas al mar

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Mónaco, con vistas al mar

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Con sus dos kilómetros cuadrados adosados a Francia, Mónaco está volcada hacia el mar. En este primer episodio de Mónaco Life, habrá un encuentro con aquellos que le consagran su vida. Primera etapa: museo oceanográfico, verdadera declaración de amor de un príncipe al mar.

De arquitectura clásica, el edificio inaugurado en 1910 no es menos peculiar. Candelabros, frescos, mosaicos: el conjunto es un himno a la vida de los océanos.

Su razón de ser: presentar la fauna y la flora traídas por el príncipe Alberto I en 30 años de expediciones, de las Azores a Spitzberg. A su primera zarpa, en 1885, le debemos la identificación de la Corriente del Golfo.

“El trabajo consistía en enviar boyas al Atlántico para tratar de comprender y dibujar la Corriente del Golfo. En cada boya había un mensaje en diferentes lenguas y las personas que la encontraban respondían y escribían al príncipe: “he encontrado esta boya en este lugar”; y gracias a esos resultados, pudo dibujar un primer mapa de la Corriente del Golfo”, explica Patrick Piguet, director de patrimonio del museo.

Estos experimentos le fueron inspirados por una curiosidad insaciable. Fue apodado el “príncipe navegante” o incluso el príncipe sabio. Estaba fascinado por el progreso técnico. Gastó su fortuna en construir barcos cada vez más eficientes, para ir cada vez más lejos y contribuir al conocimiento con mayúsculas.

Hoy, esta misma pasión anima a los oceanógrafos del museo. Su especialidad es el cultivo de coral, animal de la misma rama que las medusas.

“Estas zonas blancas son la muestra de que hay crecimiento. Cuanto más crecimiento hay, más se desarrolla la zona. Hay muchos en el océano pacífico, en todo aquello que son arrecifes coralinos”, cuenta Stéphanie Orengo, técnica responsable de la calidad del agua.

Para saber más visitamos al profesor Denis Allemand en el Centro Científico de Mónaco, donde estudia la bilogía del coral desde hace 25 años: “Somos el único laboratorio del mundo que puede cultivar tantas variedades de coral en unas condiciones controladas. Lo cultivamos, pero producimos grandes cantidades cada día para estudiarlo de forma experimental”, narra Allemand.

Aquí se estudia cómo los corales reaccionan al aumento de acidez en el océano provocado por el cambio climático. También se investiga el secreto de su longevidad.

Allemand continúa: “El coral puede vivir miles de años sin mostrar signos reales de envejecimiento. Tratamos de entender mejor por qué este animal no envejece y porque nosotros sí. No es tanto para poder aumentar la longevidad sino para poder llegar a viejo sin enfermar”.

En Mónaco los marineros tienen también su templo. Bienvenidos al Club Náutico, edificio emblemático firmado por Norman Foster, y dirigido por Bernard Alessandrini. Navegante experimentado, es el gobernante del buque insignia del club, el velero centenario Tuiga: “Tuiga en dialecto africano quiere decir Jirafa. Es muy esbelto, muy largo, un barco muy sensible y muy entrañable”, dice Alessandrini.

Para los profesionales de los yates, este club es un lugar de encuentro.

Unos 1200 empleos dependen de esta gran atracción del principado en diferentes dominios: trabajos submarinos, mantenimiento, e incluso prestación de servicios en las fiestas a bordo.

“Los beneficios económicos son difíciles de cuantificar directamente. Pensamos, basados en estimaciones, que son del orden de los 600 millones de euros al año. Es una cifra muy importante si se compara con la superficie de Mónaco”, considera Alessandrini.

Aquí termina nuestro recorrido. En la siguiente edición de Mónaco Life, nos quedaremos en tierra para hablar de la Fórmula E, con el primer campeonato 100% eléctrico. Allí también hay aficionados.