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Donetsk: dividida por una línea de fuego

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Donetsk: dividida por una línea de fuego

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En el este de Ucrania, Donetsk parece una ciudad fantasma desde el pasado mes de julio. Pocas tiendas abren. Las oficinas y bancos han cerrado a cal canto.

La mayoría de los habitantes han huído de la guerra entre los rebeldes prorrusos y las fuerzas ucranianas.

http://fr.euronews.com/nocomment/2014/10/15/les-combats-continuent-a-donetsk-malgre-le-cessez-le-feu/

Un precario alto el fuego se firmó en Minsk el pasado 5 de septiembre. Aquí los militantes prorrusos de la autoproclamada República Popular de Donetsk han establecido su propio mando.

La industria regional se ha ralentizado: el sector químico y más de la mitad de la metalurgia no funcionan. Y la mayoría de las minas de carbón han sufrido daños o han sido destruidas.

En la localidad de Trudivske, a las afueras de Donetsk, esta mina ubicada a menos de un kilómetro de la línea de fuego ha sido bombardeada.

Cerca de 200 mineros de los más de 1.500 que antes estaban empleados, sigue trabajando aquí, pero su tarea ahora es la de reparar la mina.

El director de la mina, Sergey Maltsev, muestra un proyectil que cayó en el sitio y asegura que no le ha quedado más remedio que interrumpir la producción.

“El 2 de agosto, hubo otro intenso bombardeo, y desde entonces no han cesado. Por eso los trabajadores tienen miedo a bajar a la mina. Trabajaron hasta el 15 de agosto, pero como responsable de lo que pueda ocurrir, no les puedo mandar a trabajar a la mina, ya que bajo las bombas el material puede estropearse y los mineros podrían quedar atrapados sin poder rescatarlos “.

La mina, propiedad del Estado ha pasado de facto bajo control de la República Popular de Donetsk cuyas nuevas autoridades decidieron que las existencias serían distribuídas gratuitamente a los hogares que se calientan con carbón.

Un gesto que no llega a compensar la inquietudes de la población. En esta zona residencial bajo control de los rebeldes separatistas, los residentes expresan su hartazgo de la guerra, aunque algunos, como este minero creen que la lucha es justa.

“Yo veo las cosas de manera diferente, asegura Gregory Kalugin. Estamos en un territorio que ni es Rusia, ni es Ucrania, somos un país aparte que va a desarrollarse y que tendrá buenas relaciones tanto con Ucrania, como con Rusia. Debemos ser una zona de seguridad, el tipo de territorio con el que Ucrania soñaba.”

Esta mujer se queja de las condiciones de vida:

“Hace tres meses que no tenemos electricidad. Todas las líneas de corriente eléctrica están estropeadas por los combates. No tenemos iluminación en las calles, ni en las casas. El agua nos llega de manera intermitente, pero la mayoría de las veces, no hay. ¿Y usted ha visto los conductos del gas? Tampoco tenemos gas, porque la metralla de los obuses ha estropeado todas las tuberías y nos han cortado el gas.”

Igual que este minero, Gregory Kalugin, que lleva meses sin cobrar:

“No recibimos nada: trabajamos, pero no está claro si nos pagarán o no. Uno se pregunta si al menos recibiremos algo.”

En la región de Donetsk, el aeropuerto es el lugar en el que los enfrentamientos son más violentos…

varias decenas de personas han muerto en los combates durante las últimas semanas.

http://fr.euronews.com/2014/10/02/ukraine-bataille-sans-fin-pour-le-controle-de-l-aeroport-de-donetsk/

Al oeste de la mina de Trudivske, nos dirigimos a otra zona sensible. Vamos a dar un rodeo, por motivos de seguridad.

A unos kilómetros del sector residencial de Mariinka bajo control de las fuerzas ucranianas, los rebeldes prorrusos han establecido puestos de control.

No lejos de allí, hay intercambio de fuego de mortero y obuses a lo largo de la línea del frente.

Llegamos a Mariinka, localidad bajo la autoridad de Kiev. La ciudad está devastada por los combates incesantes, nos encontramos con Galina Malista, una residente exasperada:

“Nuestros hijos están desocupados, no pueden ir a clase. Una escuela que hay allí ha sido destruída. Y otro colegio que hay allí cerca ya no tiene ventanas. Los niños no van al colegio y nada funciona normalmente aquí en Mariinka. Gracias a Dios, tenemos electricidad, pero no tenemos gas, ni agua y sobrevivimos como podemos. Afortunadamente tenemos un coche para hacer las compras y traer comida. En general nadie se preocupa por nosotros, ni la República popular de Donetsk, ni Ucrania. Pasan de nosotros, símplemente porque no nos necesitan.”

Y esta mujer mayor, que vivió el periodo comunista y ahora le toca sobrevivir a esta guerra, asegura burlona, que cualquier tiempo pasado fue mejor:

“¿Qué tipo de ucranianos somos? Sé hablar muy bien ucraniano, también hablo ruso. Así nos enseñaron con Yosif Vissarionovich Stalin y ahora, en este caos, los niños pequeños, ya van por ahí y se comportan de cualquier manera.”

Retomamos la carretera principal hacia Donetsk junto a la línea de fuego.

Cruzamos un control del Ejército regular ucraniano. Los soldados están intranquilos. Nos dicen que han interceptado dos coches de los separatistas tras un tiroteo. Dos soldados murieron la noche pasada en un bombardeo prorruso. El capitán Sasha habla del elevado precio que están pagando con la guerra en Ucrania:

“Le voy a hablar como oficial del ejército ucraniano, como padre, hijo y esposo y como comandante de los jóvenes que están aquí en el frente. Pienso que estamos pagando un precio carísimo para resolver los problemas políticos y financieros de los ricos. Esto simplemente no es justo “

Desde Donetsk, nos dirigimos a Ilovaisk para llegar a nuestro destino final: Mariupol. Un viaje que nos hace pasar alternativamente entre ambos bandos

Mariupol, localidad portuaria en el Mar de Azov, es un centro importante de industria pesada en la región de Donetsk, pero que permanece bajo control ucraniano.

La población teme que lo peor aún este por llegar.
Nos encontramos con dos amigos, Evgheny y Vladimir, que no comparten los mismos puntos de vista:

“Mi amigo y yo, no pensamos igual. Yo estoy a favor de Ucrania y él está a favor de Rusia. Vemos las cosas de manera diferente, pero somos amigos. Hablamos y nos entendemos. “

“En realidad no es exactamente eso. Yo no estoy a favor de Rusia. Estoy en contra. Estoy en contra del derramamiento de sangre.”

“Nosotros queremos la paz en Mariúpol, en Ucrania y en la región de Donetsk. Yo quiero que formemos parte de Ucrania.”

“Estoy de acuerdo. Yo trabajo para MetInvest, productor de acero y creo que el proyecto de la “Nueva Rusia” se concretiza y yo creo que habrá quiebra, la gente no tendrá dinero. Por eso, yo también estoy en contra.”

A 40 kilómetros de Mariupol, entramos en la base del regimiento de Azov. Un cuerpo paramilitar de infantería ligera que depende del Ministerio del Interior de Ucrania, y que reúne a mil quinientos hombres, entre ellos extranjeros. Se dicen ultranacionalistas ucranianos y no confian tanto en los políticos de Kiev, como señala Stepan Bayda:

“El Estado ucraniano debe ser independiente y, probablemente, no democrático, o por menos no la democracia que tenemos ahora, pues es sinónimo de irresponsabilidad e injusticia total. El Estado debe estar sano moralmente y obviamente tener una autoridad fuerte.”

La mayoría de las personas con las que nos encontramos en esta conflictiva región sienten que ni Kiev ni Rusia comprenden sus problemas. A pesar de todo, la mayoría de la población que vive en el territorio bajo control ucraniano, quiere seguir formando parte de Ucrania.