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Canadá, entre el estupor y el pánico

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Canadá, entre el estupor y el pánico

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Pasadas las diez de la mañana hora local, de uno a tres individuos entraban en el parlamento federal en Ottawa provocando un tiroteo en el que se escucharon decenas de disparos. El primer ministro Stephen Harper, que se encontraba en el edificio junto a su gabinete, fue inmediatamente evacuado.

Las fuerzas de seguridad mataron a uno de los asaltantes, que poco antes había disparado cerca de allí a un soldado que hacía guardia en el monumento a los caídos, y que luego murió en el hospital.

La zona fue inmediatamente acordonada. Un amplio despliegue de las fuerzas de seguridad buscaba más sospechosos. Francotiradores se apostaron en los tejados próximos.

En un primer momento se habló de un tercer ataque en un centro comercial cercano, que fue posteriormente desmentido en una rueda de prensa de la policía.

“Creo que por nuestra reacción el ataque nos cogió por sorpresa”, decía uno de sus responsables.

“¿Cómo es eso posible?”, pregunta un periodista.
“Es demasiado pronto para hablar de los detalles, se trata de una operación policial en marcha, así que hasta que no tengamos la oportunidad de investigar y determinar con exactitud lo ocurrido, es demasiado pronto para contestar a esa pregunta”.

Precisamente, las autoridades canadienses habían elevado el nivel de alerta terrorista de bajo a medio después de que el lunes un joven islamista radical atropellara a dos soldados cerca de Montreal, acabando con la vida de uno de ellos. La policía le mató a tiros tras perseguir su coche.

Este ataque fue relacionado con la participación de aviones de combate canadienses en la operación contra el grupo Estado Islámico en Irak.

Vídeo del tiroteo de Ottawa: