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La generación del Muro de Berlín

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La generación del Muro de Berlín

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Si se montan en esta furgoneta polaca de los 70 Rafal Patla, de 29 años, les contará la historia de Varsovia.

Una ciudad que fue devastada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial y que permaneció tras el Telón de Acero hasta 1989. Aunque solo tenía cuatro años cuando cayó el régimen comunista, Rafal quiere que su generación conozca la historia:

“Este es el Palacio de Cultura y Ciencia, un regalo del tío Stalin. Un símbolo de la época comunista en Varsovia, un símbolo de la dominación soviética de nuestro país”.

La dominación acabó hace 25 años, cuando cayó el Muro de Berlín y se levantó el Telón de Acero. En Varsovia, los recuerdos de este periodo de la guerra fría, en el que Europa estaba dividida, están desapareciendo.

En su lugar, hay símbolos que muestran la transformación del país en la sexta economía de la UE y que juega un papel fundamental en el escenario político europeo.

Una transformación que ha superado las expectativas de los que participaron en ello. Es el caso de Adam Ringer, que llegó a Polonia en 1989, después de vivir en Suecia durante más de 20 años.

“Fue como un sueño, porque nadie creía que esto podría pasar en este momento, una especie de implosión. La gente no se acuerda de cómo era hace 25 años, todo gris, todos corriendo de un lado a otro, nerviosos, desconfiados. Si ves a los jóvenes que trabajan aquí todos nacieron después de 1989. Se lo puedes explicar, pero ¿pueden llegar a entenderlo? Si no lo has vivido es muy difícil comprenderlo”.

Filip Lepka nació después de la caída del comunismo. Se da cuenta de lo que pasaron sus padres y abuelos. Para él, este periodo parece irreal.

“He oído muchas historias de mi familia, pero es difícil imaginarlo. Nuestra generación es como un mundo diferente, como ‘Alicia en el país de las maravillas’”

¿Se ha creado un nuevo tipo de muro entre generaciones por esta dificultad de entender cómo era la vida tras el Telón de Acero?

Tomasz Ciapala, de 33 años, conoció a su mujer Marta cuando estudiaba en Francia. Ahora dirigen una exitosa tienda de ropa a medida en Polonia. Mientras que muchos de su generación dejaron el país para trabajar en el extranjero, Tomasz dice que la libertad de elegir dónde vivir es suficiente.

“Viajo con mi padre algunas veces y estoy orgulloso de mi pasaporte, significa que puedo ir a cualquier sitio. Acabo de volver de pasar un par de días en España y eso es la libertad, es lo más importante. La libertad para hacer lo que quiera, poder ir al lugar que me apetezca sin que te pongan límites es lo que mis padres no experimentaron. Ellos no podían ir a ningún sitio”.

La juventud polaca disfruta de una mayor libertad que la generación anterior y eso también tiene un coste.

“Nuestra generación espera menos ayuda del gobierno que la anterior. Por ejemplo, para conseguir un piso. Antes no podías ir y comprar un apartamento así como así. Necesitabas un permiso para comprarlo. Y también en cuanto al trabajo. La mayoría de la generación pasada, cuando conseguían un trabajo, se pasaba toda la vida en él para que luego el Estado se ocupara de ellos en su jubilación. Hoy sabemos que eso no va a pasar”, explica Marta Stefanczyk-Ciapala.

Con tan solo 30 años, Kamil Cebulski es un empresario que hace cinco años se encontraba entre las cinco personas más ricas de Polonia. Hizo fortuna creando empresas en internet y ha fundado cuatro universidades para formar a emprendedores.

En su caso, para él no hay muros entre generaciones sino en los mercados, con muchas regulaciones e impuestos.

“Llevé todas mis empresas de Polonia al Reino Unido, Tailandia y Zambia. Ahora no tengo ninguna compañía en Polonia porque el mercado está demasiado regulado, han ido demasiado lejos con las regulaciones. Así la gente joven en Polonia no puede competir con los empresarios que ya están en el mercado porque las barreras, los límites y los obstáculos son demasiado grandes”.

Dentro de una fábrica abandonada está el único museo comunista “privado” de Varsovia. Es el proyecto del guía Rafal y abrió sus puertas el pasado abril. Su objetivo: mostrar cómo era el día a día durante el régimen comunista.

Algunos visitantes nos cuentan sus historias, como Keith Kurek. Su padre emigró a Canadá.

“El motivo por el que quería ver este museo es porque cuando volví aquí todo era moderno. Polonia se parece a Canadá. Aquí puedes ver cómo era todo cuando yo era pequeño, cómo eran las cosas y lo que han cambiado. Volviendo a los 80, a los 70, te das cuenta de la enorme diferencia que había entre nuestros países. No me imagino viviendo así”.

Keith no había estado en Polonia antes, pero Chris su prima y cuyos padres emigraron a Inglaterra, vino una vez con su madre en 1970, para visitar a la familia.

“Solo tengo un recuerdo, creo que era haciendo cola en una carnicería y había largas colas fuera. Me acuerdo de mirar dentro de la tienda y era así, con ganchos, ganchos vacíos. Todo estaba vacío, la tienda estaba vacía, ¿para qué se hacía la cola? Estaba vacía”.

Largas colas. Tiendas vacías y la ley marcial que prohibió el sindicato Solidaridad (Solidarność) en 1981. Un tiempo que muchos polacos prefieren olvidar.

Pero para algunos tiene una parte nostálgica. Un periodo difícil que unió a los ciudadanos gracias a la solidaridad que se despertó entre ellos. Recuerdos de los típicos aspiradores y de otros productos de los 70. Algunos jóvenes polacos están decididos a aprender de la generación anterior.

“Mi generación es la primera en los últimos 200 años que no ha luchado por nada. 200 años. Todas las generaciones lucharon contra algo: contra los bolcheviques, contra los nazis, contra los comunistas, contra los rusos. Siempre hubo que luchar por la libertad. Y ahora somos libres, pero hace solo 25 años, es solo una generación. La libertad es algo que podemos perder muy rápido y deberíamos cuidarla mucho. Es por eso que creo que tendríamos que aprender de nuestra historia”, concluye Rafal Patla.