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El Real Madrid alimenta su ambición con un triunfo justo en el 'Clásico'

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El Real Madrid alimenta su ambición con un triunfo justo en el 'Clásico'

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El balón, a veces, es justo. Y en el Santiago Bernabéu lo fue. En el gran ‘Clásico’ del fútbol mundial, ganó el que más lo mereció. Ese fue el Real Madrid (3-1).

A pesar de los desajustes, de los desequilibrios, de los espacios… Todo queda en un segundo plano cuando se pone sobre el césped una tonelada de talento y calidad, la que destilan en cada gesto Modric, Kroos e Isco. El malagueño ha puesto en un aprieto a Ancelotti con dos encuentros consecutivos sensacionales ante Liverpool y Barcelona. Con la vuelta de Bale al equipo en los próximos días, es difícil imaginar qué decisión puede tomar el italiano.

Y eso que el Barcelona puso de inicio todos los ingredientes para sorprender en el Bernabéu. Primero, Luis Enrique hizo uso de la última arma que ha tenido a su disposición: Luis Suárez. El uruguayo debutó por fin tras su sanción y lo hizo a lo grande, como titular en el Bernabéu. Sin embargo, no brilló. Tampoco lo hizo Messi, que cedió el protagonismo goleador a Neymar. Él fue el encargado de abrir el marcador a los 4 minutos.

Pero el equipo de Ancelotti ya ha aprendido a desactivar al Barcelona y lo logró tras el gol culé. Lanzó varios avisos en forma de ramalazos de calidad que no acabaron con la racha de imbatibilidad de Bravo por muy poco. Pero ese privilegio estaba reservado para Cristiano Ronaldo. El luso anotó de penalti su decimosexto gol en Liga. Una cifra de escándalo en solo ocho partidos jugados. Fue penalti, sí, de Piqué por mano dentro del área. Nadie lo discutió. Y con el 1-1 acabó el primer periodo, con la sensación de que el marcador era corto para una primera mitad con tantas cosas que contar y tantos ‘casis’, porque también el Barcelona tuvo los suyos.

Pepe, que había sido señalado en el 0-1 por conceder demasiado margen a Neymar, se besó el escudo bordado en su pecho a los 50 minutos. Lo hizo después de poner a los suyos por delante con un certero cabezazo tras un saque de esquina teledirigido de Toni Kroos. El gol le puso la zancadilla a la ambición del Barcelona, que se fue por los suelos. Ese tropiezo dejó espacios enormes y ahí el Real Madrid no perdona. Fue a raíz de un robo enorme de Isco en la zona ancha, aprovechando la candidez defensiva de Iniesta. Ahí nació una jugada perfectamente trenzada, rápida, que terminó con una genial asistencia de James para que Benzema cruzara ante la salida de Bravo e hiciera el 3-1 definitivo.

No es que el Barcelona bajara los brazos, pero a partir de ese momento ya sabía que iba a perder el partido. Y eso que tenía media hora más por delante. Pero no era tarde de gloria azulgrana. Era blanca. Al Madrid le bastó con juntar sus líneas, seguir meciendo el balón entre los pies de Isco, Modric y Kroos, buscando la salida veloz de su ataque, apoyado con genialidad por Marcelo, para contener a los de Luis Enrique. No fue el ‘Clásico’ de Messi; ni siquiera el de Cristiano Ronaldo. Tampoco hubo acciones polémicas, ni estridencias. Fue un partido de fútbol, sin más, que terminó llevándose el mejor.