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La construcción del Muro de Berlín

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La construcción del Muro de Berlín

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Arrancan los años 60. Quince años después de la Segunda Guerra Mundial, estamos en plena guerra fría. Berlín sigue dividida en cuatro sectores, pero en realidad, son dos bloques los que se enfrentan: el este y el oeste. Mientras que en la Alemania occidental el crecimiento y la modernización están en marcha, en la RDA el nivel de vida no consigue despegar y los soviéticos que la administran asisten impotentes a la huída de millones de habitantes hacia la otra Alemania.

Para detener esa hemorragia erigen lo que para ellos es una “muralla de protección antifascista” y para otros, el “muro de la verguenza”.

El proyecto, mantenido en secreto, coge a los berlineses por sorpresa el 13 de agosto de 1961. Miembros del Ejército de la RDA, policía militar y milicias obreras son desplegados para bloquear loa calles y las vías ferroviarias que conducen al oeste de Berlín. Tropas soviéticas en uniforme de combate se apostan en las fronteras aliadas.

En una noche, alambradas de espino separan brutalmente la ciudad, a familias, a amigos. Miles de berlineses pierden sus trabajos. Rápidamente, las alambradas dan paso a el muro propiamente dicho. Los edificios limítrofes se integran en la barrera tras condenar con ladrillos puertas y ventanas. El muro es un dispositivo militar complejo formado por dos paredes de 3,6 metros de altura, separadas por de 5 a 200 metros de tierra de nadie.

Con 302 torretas de vigilancia y dispositivos de alarma, 14.000 guardias y 600 perros vigilan de sol a sol esta frontera entre los dos mundos.

136 personas mueren intentando franquearla, 97, abatidas por los soldados de la Repúplica Democrática Alemana. Ida Siekman se convierte el 22 de agosto en la primera víctima, al saltar de la ventana de su edificio.
28 años después, Winfried Freudenberg es la última, el 8 de marzo de 1989, pocos meses antes de la caída del muro, cuando intenta atravesarlo en un globo aerostático.

El muro cumple el objetivo de los soviéticos: en 30 años, sólo 5 mil alemanes del este consiguen escapar. Pero se convierte en la imagen concreta de la división entre la tiranía comunista y el mundo libre.

Una división que termina el 9 de noviembre de 1989. Desde entonces, el muro no representa más que una inmensa cicatriz en el corazón de Berlín.