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Dos artistas nos desvelan sus secretos sobre el muro de Berlín

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Dos artistas nos desvelan sus secretos sobre el muro de Berlín

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25 años después de la caída del muro, la East Side Gallery es una de las mayores atracciones turísticas de Berlín.

Muchos artistas han dejado plasmadas allí sus obras. Uno de ellos es el pintor ruso Dmitry Vrubel. Su mural “Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal”, una imagen del beso de Leonid Brezhnev y Erich Honecker, fue realizado por primera vez en 1990.

Vrubel se encontraba en Berlín Este para participar en una exposición de artistas rusos y dormía en casa de un amigo a pocos metros del muro.

euronews ha podido hablar con él en Moscú.

“Fuimos hasta el muro. Había un pequeño bungalow con pinturas. Una chica escocesa se encontraba allí, de pie. Me ofreció un contrato. Todavía había patrullas de la RDA controlado las fronteras. No me dejaron pasar al lado Oeste pero más tarde, cuando empecé a pintar, me dieron agua para los pinceles”, explica Vrubel.

Vrubel tenía entonces 29 años y soñaba con exponer en una galería. Para él la “East Side Gallery” fue toda una oportunidad. Firmó el contrato sin leerlo y se puso trabajar. Realizar el mural le llevó una semana.

“Era por la mañana, yo estaba todavía en cama y mi amigo Alexander Bradovsky vino a verme y me mostró dos periódicos, Berliner Zeitung y Neues Deutschland, el periódico de los comunistas alemanes. Había una foto de mi obra. La llamaban bruderkuss, beso entre hermanos. Esa fue la primera vez que alguien la llamó así”, recuerda el artista.

Muy rápido el “Bruderkuss” de Vrubel empezó a llenar las tiendas de souvenirs en Berlín. En 2009 las autoridades de la ciudad le pidieron que rehiciese su obra, muy deteriorada por el paso de los años.

Pero, ¿qué quiere decir exactamente la frase que Vrubel escribió bajo el beso de Brezhnev y Honecker? Su obra, asegura, nació a partir de un conflicto personal.

“Esta obra es el reflejo de algunas experiencias personales, de mi relación con las mujeres. Este mural está dedicado al amor, al amor, al amor. A la imagen del amor. Todos nos podemos encontrar en una situación semejante, atrapados un día entre los labios de este tipo de monstruos. En ese momento esta obra reflejaba las dificultades que atravesaba en mi vida personal”, explica.

Dmitri Vrubel cedió todos los derechos de su obra cuando firmó el contrato en 1990. Hoy vive en Berlín con su esposa, la artista Viktoria Timofeyeva.

Beatrice fue uno de los grupos de rock más importantes de Hungría a finales de los 70. Sus miembros protagonizaron varios conflictos con el régimen y la policía por el contenido de sus canciones y por su comportamiento, decían. Su vocalista, Feró Nagy, fue detenido en varias ocasiones.

“Éramos un verdadero fenómeno en aquella época en Hungría, no necesariamente porque fuésemos una banda de rock sino porque éramos algo totalmente diferente en medio de aquella sociedad manipulada”, asegura Nagy.

En aquella atmósfera de control e intimidación, Beatrice se convirtió poco a poco en una banda prohibida. Pero al mismo tiempo sus seguidores no dejaban de aumentar. Feró y otros miembros del grupo eran vigilados por agentes secretos.

“A la gente del régimen siempre le decíamos “lo siento no sabíamos que decir esto estaba prohibido” pero era difícil hacérselo creer, sabían lo que hacíamos. Muchas veces pudimos ver en la cara de los agentes que estaban de acuerdo con nosotros pero nos miraban, como diciéndonos, no podemos ponernos de vuestro lado”, explica Nagy.

Una de sus canciones más famosas fue “De rodillas”. Cuando la tocaban, la banda y el público se arrodillaban aunque no siempre porque varios agentes del régimen vigilaban el concierto.

Los miembros de Beatrice llegaron a pensar en abandonar el país. Algo imposible en ese momento.

“Empezamos a recibir clases de inglés mientras seguíamos haciendo música. En muy poco tiempo el régimen se enteró de que estábamos aprendiendo inglés y se dió cuenta de que queríamos irnos. Inmediatamente nos retiraron los pasaportes”, cuenta el artista.

Tras la caída del muro, durante los años 90, Beatrice volvió a ser muy popular. Todavía hoy, Beatrice sigue siendo considerado como uno de los grupos importantes del país.

“Sí, éramos muy conocidos, incluso en las pequeñas aldeas donde siempre había unas 2.000 personas en los conciertos. Funcionábamos muy bien. No es que fuésemos muy buenos, estábamos de moda, simplemente. Ha ocurrido muchas veces en la historia”, explica Nagy.