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Antiguo preso recuerda su detención por la Stasi

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Antiguo preso recuerda su detención por la Stasi

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Imagínese que quiere salir de su país pero las autoridades no se lo permiten. Imagínese que se encontrara aislado del resto del mundo por un muro. Así fue. No solamente en la Alemania del Este sino también en muchas otras parte de Europa. Muchos fueron detenidos mientras huían y condenados a duras penas de cárcel. Hablamos con uno de ellos, Thomas Lukow, que estuvo en la cárcel de Hohenschönhausen.

A principios de los 80, Thomas tenía 18 años y dejó de la organización juvenil comunista de la República Democrática de Alemania. A los 21 intentó huir, pero fue detenido en la frontera checa y condenado a 20 meses de prisión. Los primeros cinco meses estuvo aislado: “En un momento dado supe que quería escaparme de este país. Era joven, quería estudiar, ver mundo, mi gran sueño siempre fue ir a Nueva York. De ahí es de donde surgió el deseo de abandonar el país”.

Reconoce que lo peor, durante todo ese tiempo que estuvo aislado en esta cárcel, fue la incertidumbre: “Los peores recuerdos que tengo son los sentimientos de incertidumbre. Sí, el aburrimiento, era desmoralizador. Era algo que llegaba de forma automática. No se podía escuchar la radio ni ver la televisión. Una vez por semana podíamos conseguir un libro, pero era muy deprimente porque se trataba de literatura mala soviética”.

La policía secreta, la Stasi, sometía a los presos a un duro interrogatorio, una tortura psicológica. Thomas sabía que al otro lado del muro, en la República Federal Alemana, alguien podía pagar por su liberación: “Creo que este proceso psicológico gradual era, inconscientemente, lo peor. Uno se pregunta qué es lo que realmente quieren, a dónde nos lleva todo esto y si alguien pagaría por mi libertad. Toda esta incertidumbre me hacía sentir muy mal. Tenía 21 años, cumplí 22 en octubre. Conocía a mucha gente. Y de la noche a la mañana, me quedé completamente aislado de la sociedad. Y creo que ese era su objetivo”.

Oficialmente no existían los presos políticos en la República Democrática Alemana. Los opositores fueron acusados por manifestarse contra el Estado o por querer fugarse.

“Entre 1949 a 1989, había aproximadamente 230.000 presos políticos. En el período posterior hubo más detenciones, principalmente a través la Administración Militar Soviética. Eran nazis o personas que se habían rebelado contra el poder soviético”, dice Ehrhart Neubert, teólogo y sociólogo.

En los años 80 la situación económica en los países comunistas se agravó y los regímenes se debilitaron. Pero Thomas no se imaginaba que un día millones de personas iban a pedir un cambio y conseguir la libertad: “Yo pensé, que después de haber sido detenido por la policía secreta, este sistema iba a durar 1.000 años. Pero no sabía lo que estaba pasando ahí fuera y por eso estaba seguro de que no iba a cambiar nada. Y sabía que había gente que apoyaba este sistema”.

Recordando todo lo que ha pasado, Thomas asegura que el comunismo ha sido un desastre y que ni siquiera la idea podía considerarse como algo bueno: “Era un sistema que aplicaba sus ideas de una manera inmoral, con violencia y terror.
Que se permita que todo un continente, Europa del Este, que se deteriore a nivel económico, ecológico y moral…esta idea simplemente no funciona”.

Después de la caída del Muro de Berlín, Thomas ha construido una vida nueva para él y su familia. Desde hace un par de años da charlas en los colegios para explicar a los estudiantes lo que pasó en la desaparecida República Democrática Alemana.