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Rumanía vota contra la corrupción

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Rumanía vota contra la corrupción

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Al convertirse en el cuarto presidente electo de Rumanía, Klaus Iohannis ha dado la campanada. El líder del Partido Nacional Liberal, es un personaje completamente atípico en el paisaje político de este antiguo país comunista, que 25 años después de la caída de Ceaucescu, es el segundo más pobre de la Unión Europea.

Descendiente de los sajones que llegaron en la edad media a Transilvania, Klaus Iohannis rondaba la treintena cuando cayó la dictadura de Ceaucescu, pero decidió quedarse en el país al contrario que sus padres y miles de rumanos de origen germano que decidieron establecerse en la RFA.

Forjó su reputación de buen gestor al frente de la alcaldía de Sibiu, que ganó en el año 2000. La ciudad medieval de 150 mil habitantes, capital europea de la cultura en 2007, se ha convertido en un destino turístico emergente.

Excatedrático de física y adalid del trabajo bien hecho, su imagen de hombre íntegro se ha visto mermada tras las acusaciones de la Agencia para la Integridad, que le reprocha haber sido presidente de la empresa municipal de aguas y alcalde, una incompatibilidad sancionada por la ley. Iohannis está pendiente de que la justicia decida sobre una eventual inhabilitación para ejercer cargos públicos.

En 2009 fue propuesto para el cargo de primer ministro, pero su nombramiento fue vetado por Traian Basescu, que acababa de ser reelegido presidente.

En consonancia con su carácter, taciturno y templado, Klaus Iohannis propone una presidencia sin escándalos ni polémicas capaz de atraer a los inversores.

Klaus Iohannis. Presidente electo de Rumanía:
“Ncesitamos unos políticos que hagan menos ruido y estén más implicados en los problemas cotidianos, unos políticos que se dediquen menos a hacer polémicas estériles y aporten más soluciones para Rumania y los rumanos”.

Iohannis, de 55 años, habla alemán e inglés, dos bazas para ejercer una función orientada sobre todo a la política exterior, aunque no sólo.

En Rumanía el presidente tiene muchas prerrogativas: nombra al primer ministro, a los jueces, a los fiscales, y también puede poner cortapisas a las políticas gubernamentales.