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Ucrania, 21 de noviembre

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Ucrania, 21 de noviembre

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La naranja en 2004 y la del Euromaidán en 2013. Dos revoluciones que cambiaron la historia reciente de Ucrania y con un sinfín de puntos en común. Entre ellos, la fecha de inicio, el 21 de noviembre.

Cuando se cumplen 10 años de la primera y uno de la segunda, Ucrania sigue sumida en un descontento general ante la ausencia de las reformas prometidas, a lo que hay que sumar el actual enfrentamiento entre el gobierno de Kiev y los separatista prorrusos del este del país.

Factores todos ellos que, según algunos expertos, podrían desembocar en una tercera revolución:

“Un tercer Maidán es posible”, nos alerta el activista Taras Shevchenko, “y creo que esto es algo de lo que se dan cuenta tanto los ciudadanos como el Gobierno. Espero que los políticos tengan en cuenta el hecho de que la gente no está satisfecha, que este descontento puede ir a más y que el próximo Maidán no sería tan pacífico en su inicio, porque hoy por hoy hay muchas armas ahí fuera. Y confío en que esto se convierta en una especie de garantía o de preacución a tener en cuenta para que empiecen realmente las reformas prometidas, para que empiece el cambio en este país”.

La revolución de la Plaza de la Independencia o Maidán fue la respuesta de parte del pueblo ucraniano a la negativa de su gobierno a un acuerdo de asociación con la Unión Europea que hubiera supuesto un importante paso hacia la europeización del país. Los disturbios se cobrarían más de 100 vidas humanas y concluirían con la destitución como presidente de Víctor Yanukovich y la formación de un gobierno interino.

“Yo no diría que Maidán logró sus objetivos y que todo haya terminado” señala Mustafa Nayyem, activista en Maidán y hoy parlamentario. “Todo lo que ahora está sucediendo en Ucrania no es más que una consecuencia de lo que pasó allí. La gente debería seguir presionando al Gobierno y estando pendiente de lo que sucede. Pero también ha de tenerse en cuenta que ahora tenemos a muchos representantes de Maidán en el Parlamento, y esta es sin duda la mejor manera de llevar a cabo cualquier tipo de iniciativa requerida durante estos años”.

Nueve años antes, esta vez en el contexto de unas elecciones presidenciales, el pueblo también salió a la calle para mostrar su profundo malestar con acusaciones de fraude electoral. Una de las grandes figuras de ese movimiento fue Yulia Timoshenko, que acabaría convirtiéndose en primera ministra en 2005.

“La primera revolución, la Revolución Naranja, fue dinamizada por los políticos. La segunda fue llevada a cabo por las personas. El pueblo se negaba a vivir en una “zona gris” y se rebeló a favor de la opción europea. Estoy segura de que podríamos haber hecho más después de la Revolución Naranja”, confiesa Timoshenko, “pero no tengo ninguna duda de que aquello allanó el camino para la lucha final por la libertad”.

Hoy por hoy, Ucrania lucha por no desquebrajarse. Y es que la revolución de Maidán acabó desembocando sin quererlo en un movimiento prorruso al este del país que parece estar muy lejos de encontrar una solución.