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Suiza afronta una nueva consulta sobre inmigración que podría reabrir tensiones con la UE

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Suiza afronta una nueva consulta sobre inmigración que podría reabrir tensiones con la UE

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Tras la aparente calma del tranquilo paisaje de Argovia, un cantón de la Suiza germanohablante, se esconde un encendido debate lanzado por los promotores del referéndum del 30 de noviembre en el país helvético.

Entre ellos está el alcalde de Effingen, miembro del Partido Verde en Argovia y también secretario general de la asociación Ecopop. Andreas Thommen lucha contra la superpoblación, el motivo de la iniciativa popular que pretende limitar la inmigración en Suiza al 0,2% de la población anual para reducir el impacto medioambiental del crecimiento demográfico, el más alto de Europa.

“El equilibrio ecológico se está destruyendo desde hace tiempo en Suiza. Queremos preservar la naturaleza. ¿Vale la pena, en nombre del éxito económico, hormigonar todo y no dejar otra opción a nuestros hijos?¿dejarles como legado un país completamente dependiente del exterior en términos de alimentación, energía o materias primas?. Soy muy claro en esto, no es el mundo que le quiero dejar a mis hijos.”

La propuesta de Ecopop suscita una intensa controversia. El pasado mes de febrero los ciudadanos aprobaron una iniciativa lanzada por el UDC, el partido de la derecha conservadora suiza, para establecer cuotas a extranjeros pero sin establecer límites. La nueva propuesta pretende acotar el número de inmigrantes a 16.000 por año, cinco veces menos que en la actualidad.

Algunos ciudadanos piensan que se trata de una catástrofe “porque no podemos ser excluidos del resto de Europa. Estamos en el centro de Europa y no podemos cerrar nuestras fronteras.”. Otros creen que a pesar de que es necesario acotar la llegada de mucha gente, la medida es muy “restrictiva” incluso “xenófoba”. Pero también hay quienes están a favor de la medida de Ecopop porque opinan que “mucha gente no hace nada y simplemente se aprovechan” de lo que ofrece el país.

Los extranjeros representan un cuarto de la población de Suiza, que en total suma ocho millones de habitantes. Las montañas ocupan más de la mitad del pequeño territorio. Con la mayor densidad de población de Europa, el país no puede soportar más presión demográfica, asegura Anita Messera, una de las portavoces de Ecopop que sostiene que la iniciativa no tiene nada de xenófobo. Lo que combate la organización es la lógica del crecimiento exponencial. Y el umbral de inmigración que defiende Ecopop es superior al de otros países de Europa.

“No se trata de un problema racial, es una cuestión de números. 73.000 personas más llegando cada año suponen 40.000 casas más que construir y 45.000 coches más. Eso es lo que, por ejemplo, representó la inmigración en 2013. Solo queremos reducir el número de personas permitido en el país para tener un menor impacto en el paisaje”, sostiene Messera.

Argumentos que el gobierno helvético rechaza por temor a que la iniciativa de Ecopop comprometa los acuerdos bilaterales entre Suiza y la Unión Europea en cuanto a la libre circulación que ya fueron puestos en duda tras la consulta de febrero.

La perspectiva de un triunfo de Ecopop produce agitación entre los círculos económicos, como explica Cristina Gaggini, directora de una de las principales federaciones empresariales, Economía Suiza.

“Concretamente, implicaría que nuestras empresas tendrían dificultades para contratar personal, ya que la cuota definida es extremadamente baja. No es suficiente incluso para absorber la demanda en términos de refugiados políticos. Y por otro lado, con la Unión Europea ya estamos en una situación delicada desde el voto del nueve de febrero. Tenemos que encontrar una solución comprometida, para lo que hará falta tiempo. Un segundo voto consecutivo sobre el mismo asunto el mismo año minará el debate con la Unión Europea durante mucho tiempo.”

Con una baja tasa de desempleo y una falta de titulados en enseñanza superior y de mano de obra cualificada, Suiza no puede responder a las demandas de sus empresas. El presidente de la Federación de Asociaciones de Comercio suiza, Jean Marc Probst, dirige una empresa de maquinaria. El sector de la construcción depende en gran medida de la mano de obra extranjera.

“Los últimos mecánicos que he contratado son franceses. También he contratado italianos, gente que está en mercados donde no hay pleno empleo. Y también he contratado a gente muy cualificada que no puedo encontrar en Suiza. Así que para desarrollar y mantener mi negocio, teniendo en cuenta que hay gente que se está jubilando, necesito esta mano de obra extranjera”, explica Probst.

También el sector médico está preocupado por la iniciativa de Ecopop. Visitamos el Hospital Universitario del cantón de Vaud, en Lausana. Los extranjeros representan la mitad de la plantilla compuesta por 10.000 trabajadores. El riesgo de comprometer los acuerdos bilaterales, que entre otros regula los intercambios en investigación, se añade al de no poder contar con mano de obra de otros países.

El director del centro, Pierre-François Leyvraz, alerta de las posibles consecuencias. “Sería absolutamente catastrófico para nosotros porque creo que el hospital no podría funcionar. Más allá de esto, la investigación y la medicina son algo puramente internacional. Así que no solo dejaremos de atraer a investigadores y médicos extranjeros porque no tendrán interés en trabajar en un país donde no puedan acceder a los subsidios europeos y al mundo global. Además el riesgo es que nuestros propios investigadores no quieran trabajar con nosotros.”

Dos tercios de los inmigrantes suizos provienen de países de la Unión Europea. Desde la firma de los acuerdos bilaterales, el número se incrementa constantemente. La crisis ha reforzado este fenómeno. Una tendencia de la que abusan muchas empresas, según denuncian los seguidores de Ecopop.

Para Andreas Thommen, no debe primar el interés de las empresas. “Si hay que elegir entre 300 millones de trabajadores europeos, si hay que elegir entre cincuenta millones de parados en Europa que están preparados para venir a trabajar a Suiza por tres euros y medio, esto es el paraiso, los empresarios lo aceptan. Pero esto es solamente una visión egoista de las empresas.”

Una acusación dirigida particularmente a firmas deslocalizadas que también se benefician de una tasa impositiva baja y de una escasa legislación laboral. En cualquier caso, las realidades varían dependiendo de la región. Una mayor formación y más impuestos para las empresas serían mejores opciones que frenar tan impetuosamente la inmigración, según una responsable del mayor sindicato suizo UNIA). Si se comprometen los acuerdos bilaterales, los empresarios podrían recurrir a contratos de corta duración sin ninguna protección social, como detalla Rita Schiavi.

“En el pasado, Suiza ha establecido el status de trabajadores temporales, los cuales no podían traer a sus familias. Esto no es posible con los trabajadores de la Unión Europea desde que tenemos estos acuerdos. Los inmigrantes europeos tienen el derecho a seguir viviendo en Suiza si, por ejemplo, pierden el trabajo tras unos años aquí, algo que otros inmigrantes no tienen. Sería un gran paso atrás en cuanto a los derechos de los inmigrantes.”

Tanto si se aprueba como si se rechaza la iniciativa de Ecopop, no hay duda de que la inmigración continuará en el centro del debate para las elecciones parlamentarias de Suiza de 2015.