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En busca de la vacuna contra el VIH


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En busca de la vacuna contra el VIH

La pandemia del sida se ha cobrado la vida de cerca de 40 millones de personas. Otros 35 millones viven hoy con el VIH. Los científicos de todo el mundo luchan contra el virus, y están cada vez más cerca de crear una vacuna que impediría o eliminaría la infección. En el programa de hoy, abordamos la guerra contra el sida.

Nuestra búsqueda de una vacuna contra el VIH comienza en un lugar poco común. Un festival amateur de Drag Queens en Barcelona es una buena oportunidad para los activista anti VIH de ponerse en contacto con la comunidad en riesgo.

“Me diagnosticaron el VIH en 1986, cuando no existía terapia alguna contra ello”, nos cuenta Ferran Pujol, director del BCN Checkpoint. “Fue un auténtico shock, pero también me proporcionó la inquietud de buscar soluciones”.

En Barcelona, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres representan el 81% de las nuevas infecciones por el VIH. Las campañas públicas traen a la gente en riesgo a centros como el BCN Checkpoint , donde pueden realizarse pruebas del VIH de manera rápida y anónima.

Cientos de clientes habituales acordaron compartir sus muestras de sangre con los investigadores. Para los inmunólogos, se trata de un recurso muy valioso.

“Cuando la investigación precisa de personas con una patología, puede encontrarlas en el contexto hospitalario”, nos recuerda Pujol. “Pero cuando lo que se necesita es actuar en personas sanas, estas personas no pueden ser reclutadas en las calles. Por tanto, este centro en el que atienden miles de hombres gays anualmente, es una fuente para que estas personas puedan involucrarse en la investigación”.

Un grupo de científicos liderado por Christian Brander ha mostrado como el sistema inmunitario de los los hombres que tienen muchas parejas masculinas responde desarrollando cierta resistencia al VIH. “Si podemos indentificar a los individuos que están protegidos contra la infección del VIH, entonces podremos usar esos datos para construir una vacuna que protegería a todo el mundo”, desvela Brander. “Hemos estado analizando algunos casos de gente que parecía haber mostrado una respuesta inmunitaria muy específica contra el virus. Debemos estudiar seriamente este asunto, pero sin duda sería de gran ayuda a la hora de crear las vacunas”.

Por supuesto, los científicos emplean medidas extremadamente seguras en su trabajo en el laboratorio. “Aquí tomamos células defensivas especilizadas de muestras de sangre y las estimulamos con piezas o partes del virus”. explica Brander. “Después comprobamos qué células reaccionan al virus y cuáles no. Esto es muy importante, porque queremos entender si estas personas sanas del Checkpoint de Barcelona tienen más de estas células, gracias a las cuáles están a salvo de infectarse. También podemos comparar estas células con las de otra gente que sí está infectada, y preguntarnos en qué son diferentes”.

Las vacunas basadas en ese conocimiento podrían ayudar a luchar contra la infección existente, pero el objetivo principal es ayudar al sistema inmunitario a prevenir que el virus infecte a la persona. “La vacuna que estamos persiguiendo es una vacuna preventiva”, concluye Brander, “y lo que estamos investigando es su inmunología, cuán inmune al virus será una persona sana a la que le demos esa vacuna”.

Las vacunas candidatas creadas en laboratorio pueden funcionar o no. Antes de probarlas en humanos, los científicos deben estar seguros de que estos compuestos son seguros y de que tendrán un efecto positivo en el sistema inmunitario. Así nos lo explica el investigador del ISRCAIXA, Álex Olvera:

“Lo que hacemos es vacunar a los ratones y recuperar el bazo, que es donde hay una alta concentración de células de la línea blanca. Después usamos estas células de la línea blanca que contiene los glóbulos blancos o leucocitos para medir las respuestas de estos leucocitos frente a la vacuna”.

Se trata de una lucha internacional. Los investigadores coordinan sus esfuerzos con otros colegas alrededor de varios países, desde Perú y Mozambique hasta Alemania, Reino Unido y Francia.

Crear una vacuna efectiva es sólo una de las muchas tareas de este proyecto europeo de investigación. Nos desplazamos a París, donde los científicos usan muestras de piel humana para aprender a vacunar a la gente contra el VIH sin necesidad de usar una aguja”.

La piel sobrante de cirugías plásticas permite a los investigadores de la Universidad Pierre y Marie Curie perfeccionar su innovador método de una vacunación simple, indolora y sin agujas.

“La piel es un tejido muy rico en células presentadoras de antígenos”, nos explican, “que son células de la epidermis o la dermis. La vacuna puede estar dirigida a estas células y se transporta a los órganos linfoides para ser presentada al sistema inmunitario”.

La vacuna libre de agujas funciona de manera sencilla: con una cinta adhesiva retiramos pequeños pelos de la piel por cuyo orificio entrarán las partículas de la vacuna.

La capa exterior de nuestra protección contra el medio ambiente ha desarrollado mecanismos que pueden fortalecer la eficacia de las vacunas. Mediante el estudio de muestras de piel bajo el microscopio, los científicos averiguan si su método funciona como pretenden. “Vamos a poder comprobar, gracias a estos cortes, de manera microscópica, cuál es la cantidad y la localización de las partículas de la vacuna que han penetrado en la piel humana”, nos explica Jessica Gonnet, una estudiante de esta universidad.

El análisis muestra que las partículas nanoscópicas de la vacuna han llegado con éxito a las células diana o células blanco.

“La vacuna es admitida por estas células que están en torno a los folículos pilosos y que son transportadas a los ganglios linfáticos y presentadas al sistema inmunitario. A partir de aquí la idea es la de poder inducir una buena respuesta inmunitaria en los pacientes”.

La vacunación libre de agujas tiene sus ventajas, ¿pero será efectiva en un entorno clínico? Nos responden a esa pregunta en Londres, donde tienen lugar los estudios clínicos.

“Yo soy VIH negativo, que es por lo que estoy capacitado para participar en este estudio, pero tengo amigos que son VIH postivo. He apoyado durante mucho tiempo campañas contra el VIH, pero esta es sin duda mi gran oportunidad de hacer mucho más por la causa”.
Así habla Nick, uno de los 30 voluntarios que recibieron vacunas sin inyecciones durante un período de seis meses en el Hospital Saint Mary’s de Londres.

Nick está siendo tratado por Goli Haidari, que nos confiesa que “el tipo de gente que participa en esto es normalmente gente sana, con un índice de masa corporal por debajo de 30, y con una edad comprendida entre los 18 y los 45 años. No suelen tener ningún problema médico significativo, y no toman ningún medicamento que pueda afectar a su sistema inmunitario, como por ejemplo esteroides”.

Los investigadores siguen un estudiado protocolo que incluye la medición de varios parámetros de salud, así como la toma de fotografías que documenten la condición de la piel antes de la vacunación.

“Lo que es realmente increíble de este método es que no hay agujas de por medio”. señala Haidari, “por lo que es un sistema bastante atractivo. Todos sabemos que vacunar a alguien siempre ha ido ligado a un pinchazo en el músculo, que a veces puede estar dolorido durante un par de días. Sin duda es mejor sin aguja. Es algo muy nuevo, es una gran técnica que está siendo desarrollada, y hasta el momento todos los participantes han respondido bien a la vacuna”.
Nick está de acuerdo: “No me ha dolido en absoluto. El único pero es que debes estar con el brazo levantado durante 20 minutos, mientras la vacuna se seca antes de poner un vendaje. Ha sido muy fácil y estoy muy aliviado porque desde luego no soy muy fan de las agujas. Ha sido fantástico, ha estado muy bien”.

En efecto, a pesar de la ausencia de aguja hay algunos peros, como confiesa Haidari: “Lleva algo de tiempo, porque tenemos que preparar la piel y después dejar secar la vacuna. El otro aspecto negativo es que los participantes no se pueden lavar o sudar demasiado durante 24 horas. Esa es sin duda la gran desventaja que nos encontramos cuando tratamos de captar a nuevos participantes”.

Los investigadores hacen análisis de sangre para averiguar si la vacuna ha hecho el efecto inmunitario que desean, es decir, un aumento de anticuerpos y leucocitosque luchen conjuntamente para defender al cuerpo de posibles infecciones. El profesor Robin Shattock nos lo explica de manera muy gráfica:
“Una vez hemos procesado la sangre, podemos ver como los glóbulos rojos caen al fondo del tubo, y nos quedamos con la fina línea blanca de glóbulos blancos o leucocitos. Son estos leucoitos los que esperamos que hayan respondido a la vacuna”.

Sin duda alguna, y una vez vistas en conjunto, las nuevas vacunas y la desaparición de la aguja pueden traer consigo procedimientos sencillos y convenientes para la prevención del VIH.
“Obviamente,nos encontramos en una fase de pruebas”, apunta no obstante el profesor Shattock, “por lo que todo lo que está usted viendo, si da resultados, será tratado más a fondo. Podría tratarse de un pequeño parche de microagujas que nos aplicáramos a la piel sin necesidad de recurrir a un médico para ponérnoslo”.

Aún no se ha recorrido todo el camino, pero los nuevos medios de prevención pueden aportar una serie de mejoras en todo el mundo, desde el vibrante centro de ciudades como Barcelona hasta las comunidades rurales de África, con las que ayudarnos a ganar la guerra contra el sida.

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