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Para los pasajeros con movilidad reducida,entrar y salir de un avión es hoy mucho más fácil que en el pasado pero ir al baño sigue siendo difícil, sobre todo para aquellos que utilizan sillas de ruedas.

Por ello el Airbus A320 Family cuenta con un nuevo diseño de cabina en el que se han incluído dos lavabos en la parte trasera. Dos lavabos que pueden convertirse en uno solo para facilitar el acceso a estos pasajeros.

“Estos dos lavabos están separados por un tabique que puede desaparecer. Cuando abrimos las dos puertas lo que conseguimos es un espaciomucho más amplio. Un espacio que permite a los pasajeros con movilidad reducida tener más autonomía, más espacio, como ya he dicho, y más intimidad”, explica Marc Muller, de Airbus.

La ventaja del A320 Family es que este nuevo diseño no roba espacio a la zona de asientos para tener baños más grandes. Al contrario, ahora se han podido instalar seis nuevos asientos en la cabina ya que los lavabos se encuentran en la parte trasera. Tres compañías aéreas con un total de 10 A320 Family cuentan ya con este nuevo diseño llamado “Space Flex”.

Otra historia sobre Airbus, totalmente diferente. En el norte de Eslovenia, un apasionado de la aviación ha construído un simulador de vuelo con partes de un A320. El ingeniero Igor Perne compró las piezas del avión en 2011. Después trabajó durante dos años y medio en la construcción del simulador.

“Hace algo más de diez años construí mi primer simulador en madera en tamaño real, como si fuese un verdadero A320. Pero hace poco tuve la oportunidad de comprar la parte delantera de un avión en el aeropuerto de Liubliana, lo traje a mi casa y lo monté. Me llevó dos años y medio finalizar este proyecto”, asegura Perne.

Para construir su simulador, Igor Perne necesitó 10 kilómetros de cable para conectar 300 interruptores. Gracias a seis ordenadores Perne puede llevar a cabo la simulación de vuelo. Un proyector situado sobre la cabeza del piloto ofrece una imagen de 250 grados frente a la cabina.

“Al final es muy difícil distinguir un vuelo real de uno virtual. Son tan parecidos que, a veces, me cuesta salir de la cabina”, explica Perne.

Construir un simulador puede costar unos diez mil dólares pero Perne asegura no arrepentirse de haber gastado ese dinero. Todos los días, sale a su jardín , entra en su cabina y realizar su vuelo cotidianio virtual.