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"Guerra fría" UE-Rusia: Putin da un frenazo en seco al gasoducto South Stream

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"Guerra fría" UE-Rusia: Putin da un frenazo en seco al gasoducto South Stream

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El gaseoducto South Stream es otras de las víctimas de la guerra fría que viven Rusia y la Unión Europea. El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció por sorpresa durante su visita el lunes a Turquía que este gasoducto que empezó sus obras en 2012 no se haría si la Unión Europea imponía su reglamentación antimonopolios. Su mayor promotor, la empresa pública rusa Gazprom, confirmó poco después el abondono del proyecto. A cambio, Putin ofrece ahora a Turquía construir un gasoducto hacia su territorio.

El proyecto de South Stream tenía como objetivo rodear el territorio ucraniano pasando por el Mar Negro para continuar por Bulgaria, Serbia, Hungría y Eslovenia. Y, luego, abastecer también a Grecia e Italia.

Según las últimas cifas, su construcción ya se elevaba a 23.500 millones de euros. Casi un cincuenta por ciento más de lo previsto inicialmente. El coste total era de 32.000 millones.

Este sobrecoste, precisamente, ha sido uno de las razones de su abandono. El gasoducto debía suministrar 63.000 millones de metros cúbicos al año, que es un diez por ciento de la demanda europea y corresponde con lo que ya circula por una Ucrania totalmente desestabilizada. Pero, dada la debilidad económica europea, el precio del gas ha bajado de unos diez dólares por unidad a entre seis y nueve.

“La decisión tomado, tal como anunció ayer Rusia, nos recuerda lo urgente que es no solo diversificar las rutas, sino también las fuentes de energía en la Unión Europea”, subrayó Federica Mogherini, la jefa de la diplomacia de la
UE.

Aun así, el próximo 9 de diciembre habrá una nueva reunión en Bruselas para hablar del asunto. De hecho, hay varias empresas europeas asociadas al gasoducto. Se trata de la italiana ENI, con un veinte por ciento, y la francesa EDF, con un quince, quienes calculan que se juegan en el proyecto seiscientos y quinientos millones de euros, respectivamente. Gazprom posee el cincuenta por ciento y la alemana Wintershall, el quince.

Gabor Kovacs:
Conectamos con nuestro estudio en Budapest para hablar con András Deák, del Instituto de Economía Mundial. ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores de la inesperada cancelación del proyecto South Stream y cómo repercutirá eso en la dependencia energética?

András Deák:
Bueno, es obvio que si hay otro proyecto que tome rutas diferentes a las del South Stream, entonces Turquía podría ser la gran ganadora. El país incrementará su tránsito de gas, y aparentemente Rusia está cambiando su dependencia de tránsito de Ucrania a Turquía. Esto da a Ankara un mayor margen de negociación. En cierto sentido, la Comisión Europea puede aumentar su prestigio, podría hacer que Rusia diera marcha atrás en este conflicto.

Obviamente para ambas partes habría sido mejor llegar a un compromiso, si la Comisión hubiese reconocido los procedimientos legales que Rusia quería imponer. Pero sin ese acuerdo, los perdedores son claramente los países de Europa Central y Oriental: los paises de tránsito por donde habría pasado el gasoducto. Para ellos hasta el final de esta década sólo queda el oleoducto ucraniano.

La situación también ha empeorado para ellos en el sentido de que estos países necesitan una diversificación lenta, el mantenimiento o cambios paulatinos en los vínculos entre Europa y Rusia en este terreno.l

Gabor Kovacs:
En los últimos dos años, Hungría ha sido uno de los mayores partidarios de este proyecto. ¿Por qué era tan importante para Hungría? ¿Supone su anulación un golpe político o económico para Hungría?

András Deák:
Es cierto que este año la cooperación económica ruso-húngara se ha desarrollado de forma espectacular.
En enero se firmó un acuerdo nuclear y en verano, . Hungría suprimió la reversión de gas a Ucrania y en el último par de meses apoyó intensamente el proyecto South Stream.

Es evidente que hay una razón macroeconómica y beneficios detrás de todo este asunto. Tal vez, algo que los rusos han ofrecido al Gobierno húngaro, aunque por ahora nosotros no lo veamos.

La cuestión es si vale la pena estar siempre a favor de los rusos y en contra de la Comisión Europea, en contra de la solidaridad europea. Lo que ha sucedido muestra claramente que no hay que ser ma´s papista que el papa, ni ser más ruso que Moscú.
Es inútil seguir apoyando un proyecto del que hasta Rusia se desentiende, porque eso sólo aislará cada vez más a Hungría.