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Cierre encadenado de agencias de corretaje en Hungría por un escándalo contable

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Cierre encadenado de agencias de corretaje en Hungría por un escándalo contable

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Hungría vive una grave crisis de sus agencias de corretaje, que deben impulsar la economía, tras la suspensión de licencias encadenadas del banco central del país por posible fraude. Después del cierre temporal a finales de febrero de Buda-Cash, otras dos han corrido la misma suerte: Értékpapír y Quaestor. Los clientes hacen cola delante de las oficinas para saber si podrán recuperar el dinero.

Un ciudadano ante una agencia de Quaestor, respondiendo a una pregunta de la periodista de Euronews, dice que no cree que ni él ni nadie pueda recuperar las sumas invertidas.

El 24 de febrero, el Banco Nacional de Hungría intervino la compañía Buda-Cash por sospechas de haber falsificado sus cuentas desde hace quince años. O sea, desde su misma fundación. El organismo estatal descubrió un agujero de 330 millones de euros, que afecta a más de diez mil clientes de posición acomodada. Se da la circunstancia de que esta firma ha introducido en bolsa a numerosas empresas.

“El hecho es que estas compañías de correduría se han estado organizando para ponerse de acuerdo entre ellas”, incide el portavoz del Banco Nacional de Hungría, István Binder. “Inmediatamente después del caso del Buda-Cash, decidimos analizar muy rápidamente al sector en su conjunto aunque los responsables del problema sean solo una pequeña parte. Decidimos empezar una amplia investigación en este caso y en el del resto de las firmas”.

“Buda-Cash fue la primera, pero desde entonces la gente en Hungría observa con angustia la caída de otras compañías similares”, explica la periodista de Euronews en Budapest Andrea Hajagos. “La pregunta es cómo esto llegó a pasar y si es posible que otras firmas del sector actúen de la misma manera”.

La situación, además, se ha agravado con la fuerte apreciación del franco suizo respecto al forinto húngaro en que se han realizado en los últimos años muchas operaciones de crédito.

“Creo que las consecuencias serán extremedamente serias”, previene el economista húngaro András Mihálovits. “Los inversores húngaros, y no existen muchos, pueden perder su confianza en las compañías de corretaje. Da igual si en este asunto están implicadas una firma pequeña e independiente o una grande e internacional”.

El problema podría contagiarse al resto del sector financiero del país porque pequeñas entidades que prestaban a estas agencias de corretaje también están siendo intervenidas por el Estado. En total, sus activos representan el 0,73 por ciento del sector bancario húngaro y 120.000 depositarios. El escándalo debilita aun más a una economía en dificultades.