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Crimea, el paraíso perdido de Putin

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Crimea, el paraíso perdido de Putin

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Crimea se ha convertido en el paraíso perdido de Putin. La anexión por parte de Rusia y posterior referéndum no reconocido internacionalmente de esta península que Ucrania sigue reivindicando como suya ha ahuyentado el turismo, que era su principal fuente de ingresos. Para el abastecimiento de la mayoría de productos, dependía de Kiev. Han desaparecido los turistas ucranianos y han llegado en mayor número los rusos.

“Crimea tiene muchas posibilidades de convertirse si no en Sochi, al menos en un Sochi dos”, asegura Andrei Lemeshko, que viene de San Petersburgo. “El único problema que he encontrado aquí es que la tarjetas bancarias no funcionan. Les recomiendo a los visitantes que traigan mucho dinero en métalico”.

Estos son los handicaps de la Crimea anexionada hace un año. La mayoría de empresas occidentales se han ido. Empezando por las firmas de tarjetas de crédito Visa y Mastercard. Y a los comerciantes solo se les puede pagar al contado en rublos.

El presidente ruso, Vladímir Putin, dobló la paga para el medio millón de jubilados y los 200.000 funcionarios de Crimea. Pero la dificultad para poder acceder a cualquier producto, sobre todo de alimentación, ha disparado la inflación hasta casi el cincuenta por ciento y esfumado este aumento.

Otra promesa de las autoridades de Moscú fue construir un puente directo desde territorio ruso porque ahora solo se llega en ferry o vuelos muy caros. Hasta que eso ocurra, no antes de 2018, el turismo en Crimea será básicamente patriótico.