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Ucrania: Desplazados en su propio país por la guerra

El monasterio de Sviatohirsk, construido en un acantilado que se eleva sobre el río Donets en el este de Ucrania, parece una zona tranquila aunque la

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Ucrania: Desplazados en su propio país por la guerra

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El monasterio de Sviatohirsk, construido en un acantilado que se eleva sobre el río Donets en el este de Ucrania, parece una zona tranquila aunque la guerra esté a apenas 50 kilómetros. Decenas de desplazados internos de este conflicto duermen ahora en este antiguo lugar de culto.

Otros han encontrado abrigo en las instalaciones de un campamento de verano al otro lado del río. Muchos han perdido todo huyendo de la violencia que persiste a pesar del alto el fuego.

Son en gran parte de Debáltsevo y no saben qué será de ellos. Es el caso de Olena y Maxim, que tienen un niño pequeño. Olena está inquieta: “Todos estamos a expectativa por lo que pueda pasar el Debáltsevo. De momento la República Popular de Dontetsk está allí. No sabemos que pasará, solo esperamos. Todos tenemos parientes que se han quedado. Por supuesto que al menos queremos volver para ver cómo están allí, qué está pasando”.

Maxim está más dispuesto a volver: “Trabajo como jefe de bomberos en la estación de Debáltsevo. Nuestra gente quiere volver a trabajar, así que pensamos en volver para ver la situación. Nos prometieron un salario aquí. Pero por supuesto si la situación sigue siendo así, nos iremos. Porque queremos darle a nuestro hijo una educación normal.
Una bomba cayó directamente sobre nuestro piso, destruyó el balcón y todas las ventanas. De momento la estructura de la casa está bien, así que consideramos la posibilidad de volver”.

La UNESCO asegura que hay alrededor de un millón de desplazados internos en Ucrania. La mayor parte provienen del este del país, y unos 20.000 de Crimea. Para los que siguen viviendo en zona de conflicto son varias las ONG que les proporcionan asistencia. La checa People in Need es una de ellas. Daniel J. Gerstle es uno de sus responsables: “En la reparación de daños priorizamos a las familias con miembros discapacitados, o discapacitados que viven solos, gente mayor, madres solteras…”

Algunos siguen viviendo en el sótano de los edificios donde están sus apartamentos destruidos. “¿Que por qué no nos vamos?”, dice uno de ellos. “He vivido toda mi vida aquí, en Popasna. Trabajaba en la estación de tren y me retiré el año pasado. Cumplo el primer año como jubilado. Nunca pensé en marcharme, quería vivir aquí para siempre. Pero incluso aunque pensara en irme no tendría a dónde. No tengo parientes en ninguna otra parte ¿Quién me esperaría en otra parte?”. La administración local, dice, solía traer el agua gratis, ahora cuesta 30 kópecs por litro, un céntimo y medio de euro. Su mujer le reprende, dice que deberían estar agradecidos porque tienen agua y que el dinero, en realidad no es tan importante.

People in Need también actúa en Popasna. La gente allí necesita de todo: agua, comida y medicinas. O simplemente necesitan dinero porque no tienen el estatus de desplazados y no pueden acceder a las ayudas gubernamentales que rondan los 40 euros al mes. “Cuando la gente sale de sus casas por los combates y tienen que escapar dentro de su propio país se pueden registrar en los servicios sociales del Gobierno para pedir la ayuda y ser considerados desplazados interiores. Incluso aunque se queden en casa, si esta ha sido destruida; o si se han tenido que marchar a un centro social”, explica Gerstle.

No muy lejos de allí, en Soledar, los desplazados se refugian en un hospital local. Inna es la directora: “Viven con nuestra asistencia, dentro de este hospital. No se nos da nada de dinero para aprovisionarnos y los gastos son enormes en electricidad y agua, mucho más de lo que sería normal. Para medicinas tampoco recibimos nada. La gente no recibe nada y nosotros tampoco. Es un muy dfícil en ese sentido. Hay voluntarios que nos dan cosas, pero es muy poco”.

Una mujer allí explica: “Vivimos en Soledar, pero no nos dan el estatus de desplazados porque Popasna sigue estando bajo control ucraniano. Pero hay bombardeos casi cada día y los combates continúan. La última vez mi hijo pequeño lloró durante cuatro horas seguidas porque una bomba alcanzó una casa al lado de la nuestra”.

Daniel J. Gerstle detalla: “Las ayudas dependen de sus necesidades y oscilan entre los 50 y los 300 dólares por hogar. Si necesitan cirugía o si tienen un hijo… algún tipo de necesidad urgente como abrigo para el invierno, mantas, porque su apartamento ha quedado destruido… cosas así”.

Pisky es una de las ciudades más cercanas a los enfrentamientos, no lejos del aeropuerto de Donetsk. La ciudad de Pervomaisk está a 200 metros de la principal área de tensión. Allí casi todos se han marchado, pero hay un par de familias que se han quedado: “Los ucranianos nos traen ayuda”, dice una de las que lo han hecho. “Nos han traído de todo: carne estofada, cereales… todo. Un bombardeo hace poco alcanzó nuestro jardín. Pensamos que no íbamos a sobrevivir. Pasamos mucho miedo. No por mi… por mi hija. Sí, seguimos viviendo aquí. Solo la gente más mayor se queda. Algunos jóvenes se han quedado pero la mayor parte se han ido a otras partes, e incluso a Rusia”.

Katya nos presenta a su marido, Sergéi, que no quiere que le echen: “Esta es nuestra tierra. Nos ayudamos a unos a otros. Reconstruyendo las chimeneas, por ejemplo, porque no hay gas. El suministro de agua va y viene, como la electricidad: un día funciona, dos días no. Se interrumpe todo el rato. No podemos irnos porque es nuestra tierra. ¿Por qué deberíamos irnos? Que se vayan los que vinieron a nuestra tierra.

Mucha gente de la zona espera las ayudas del Gobierno. Pero para nadie son suficiente. Es por eso que incluso con el alto el fuego en entredicho, muchos prefieren quedarse en sus casas y arriesgarse antes que convertirse en refugiados o en desplazados internos.