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Tensión en la frontera húngara

La Unión Europea ha decidido cerrar sus puertas a miles de albanokosovares que dejan su país. Desde los Balcanes tratan de acceder a los países de la

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Tensión en la frontera húngara

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La Unión Europea ha decidido cerrar sus puertas a miles de albanokosovares que dejan su país. Desde los Balcanes tratan de acceder a los países de la eurozona.

El problema se agudiza en las fronteras de Serbia y Hungría. Una vez que obtienen el derecho de asilo en Hungría, estos emigrantes se dirigen a Alemania, Austria o Suiza.

Esta mujer albanesa, Xilaje Isaku nos cuenta parte de su periplo:

“Cogimos el autobús hacía Hungría y desde allí nos fuimos a Alemania.

¿Regresaría si pudiera?

Y Xilaje responde en albanés: “No, no me gustaría volver de nuevo a Kósovo.”

Berlín ha adoptado una línea dura contra los emigrantes kosovares que piden asilo político. Se estima que entre 50.000 y 100.000 personas han salido de Kósovo en los últimos tres meses, con la esperanza de un futuro mejor.

Gafurr Kabashi emigró a Alemania, pero fue reconducido a la frontera:

“A mí me gustaría volver a Alemania. Estuve allí durante un año y ocho meses. Se portaron bien con nosotros y teníamos buenas condiciones. Solo que llegó un momento en el que tuvimos que irnos y regresar.”

El pasado 17 de marzo, Alemania fletó un avión con inmigrantes ilegales kosovares desde Múnich a Prístina. Un vuelo charter que recondujo a unos 60 kosovares escoltados por la policía alemana. Austria, Alemania y Hungría han endurecido las condiciones de asilo a los kosovares.

Siete años después de la independencia de Serbia, Kósovo se está vaciando.

Según la ONU el nivel de pobreza roza el 30%. El desempleo juvenil es de un 60%. Y la Agencia Europea Frontex confirmó el pasado mes de diciembre un incremento exponencial en la entrada ilegal de kosovares en la Unión Europea.

Gafurr Kabashi describe en albanés la vida en el campo de refugiados:

“La vida era durísima en el campo de refugiados de Hungría. Nos fuimos porque había mucha violencia, incluso hubo asesinatos y crímenes racistas. Nos vimos obligados a dejar Hungría, nos marchamos a Alemania porque nuestras vidas estaban en peligro “.

Pero en Kósovo el futuro no es precisamente de color rosa.

“El futuro aquí es catastrónico, asegura Gafurr Kabashi. No tenemos dinero, ni trabajo, ni sueldo. Pero los niños tienen que comer… La cosa está muy mal.”

La crisis y los bajos sueldos han vuelto las condiciones de vida en Kósovo muy difíciles, como confirma Bedri Kosumi, propietario de una fábrica de patatas en Pestova. Pero obtener asilo político en algún país de la UE tampoco es cosa fácil.

Quienes salen ganado son las mafias, que sacan partido de la emigración ilegal.

“En nuestra empresa había ocho trabajadores que se fueron, dos han regresado. Me parece que hay muchos motivos por los que la gente emigra pero creo que la razón principal es que hay mucha desinformación y a esas personas las engañan haciéndolas creer que la UE es un paraíso.”

Historias de la vida cotidiana en un país que lucha contra el desempleo y la pobreza. Naim Jetullahu es peluquero en la localidad de Vushtrri, Kósovo:

“Debido a la crisis y a la emigración masiva he perdido muchísimos clientes. Ahora tengo un 30% menos de clientes.”

El aumento de la inmigración ilegal procedente de Kósovo es preocupante.

Desde Bruselas, algunos eurodiputados han pedido al gobierno de Prístina que intensifique los controles y la lucha contra el tráfico organizado de seres humanos.

Avni Ahmetaj, periodista, explica cómo perciben desde Kósovo el espacio Schengen :

“He entrevistado a muchas de esas personas que se han ido de Kósovo y lo que quieren símplemente es una vida mejor. Pero no tienen ni idea de cómo lograrlo en la Unión Europea. Nunca han estado allí. Aquí estamos aislados del resto de Europa. Por lo tanto entre kosovares, el espacio Schengen es visto como algo que bloquea la entrada a los países de la Unión Europea. Y eso es muy triste. Me siento humillado por tener que presentar decenas de documentos, hacer cola en las embajadas para obtener el visado. Y además, ni siquiera hay garantía de conseguir la visa.”

Para evitar los controles, cientos de kosovares viajan de noche en autobús hacia Belgrado. Viajan con las esperanzas puestas en la eurozona… Una vez en Serbia buscan un refugio provisional.

El salto al Espacio Schengen es siempre una incógnita. Aunque Serbia es un país candidato oficial a la adhesión, Kósovo es solo un candidato potencial, que afronta muchos problemas económicos y políticos, pero el más grande es que varios estados de la Unión no le reconocen como estado soberano.

A la pequeña localidad de Subotica llegan emigrantes no solo de Kósovo, también de Afganistán o Siria o Irak. Naji Hajji Issa es un yazidí que ha huido del avance del grupo Estado Islámico en Irak y cuenta un viaje lleno de amenazas, sueños y peligros.

“Estuve dos días en un bosque en Bulgaria, no tenía ni agua, ni comida. Había un control de policía en la frontera. No podíamos pasar, pero cuando la policía levantó el control seguí mi camino y dos días después ya estaba en Serbia. Ahora estamos en esta casa sin tejado y en ruinas, pero esta noche nos vamos a Hungría, Austria o quizá a Alemania.”

En esta región siempre hubo una fuerte emigración. Hoy en día, unos 750.000 albanokosovares viven de manera legal en la Unión Europea.

Los kosovares pueden moverse libremente por Serbia: pero menos de un 1% obtiene allí asilo político. A menudo, las fronteras se convierten en refugios desesperados.

Tibor Varga, de la Misión Eastern Europe, proporciona ayuda humanitaria a estas personas que viven grandes dificultades:

“Los que cruzan la frontera de manera organizada, por lo general no vienen por aquí. Así que estas personas están de paso, ni tienen dinero, ni conocidos. O bien tenían algunas conexiones con traficantes, pero las han perdido y por eso están aquí a la espera.”

A la espera, el tiempo está detenido. Pero muchos consideran como única alternativa marcharse.

En la frontera. Nada más inseguro. Entre Serbia y Hungría, las localidades de Subotica y Ásotthalom son esa tierra de paso, tierra de nadie. Donde a menudo se produce la tragedia, ya sea al cruzar el río Keres o el río Tisza, o bien en una emboscada.

La situación alarmante de Kósovo, territorio en disputa, pobre y conflictivo; aún con las cicatrices de la guerra, se ha convertido en uno de los grandes retos de la Unión Europea.

En Hungría, cerca de la frontera, Imre Körömi vive en esta zona rural. Cada noche escucha a los perros ladrar:

“Hay días en los que llegan muchos emigrantes. En este momento la policía les está esperando. Por lo general llegan en grupos de 35 y hasta 70 personas. Cuando los perros empezaban a ladrar, ya sabemos que estan llegando.”

Los controles fronterizos aumentan y en el mes de febrero, solo en este punto, se contabilizó la entrada de unas 1.700 personas, que ahora tratan de solicitar asilo.

“No hay que dejarles entrar, prosigue Körömi. Si pasan por la frontera, hay que devolverles de donde vienen. “

20.000 kosovares emigran cada mes, a ese ritmo, en un par de años Kósovo habrá perdido una cuarta parte de su población. En esas condiciones Serbia podría intentar recuperar ese territorio, que reclama como una provincia autónoma propia.

Gizella Vas, policía húngara, subraya la cuestión del asilo político:

“Estas personas después de ser detenidas por lo general quieren pedir asilo en Hungría. Entonces tenemos que entregarlos a la Oficina de Inmigración. Y estos inmigrantes pueden después moverse libremente dentro del Hungría. Muchos de ellos aprovechan para pasar la frontera, viajar a Europa occidental y moverse dentro del espacio Schengen.”

En 2014, en Hungría, el número de solicitantes de asilo se multiplicó por veinte en solo dos años. Hungría y Alemania tratan de endurecer las condiciones de solicitud de asilo, pero eso requeriría un cambio en la legislación de la UE.