Última hora

Última hora

Todo acaba, todo empieza en Libia

Desde la caída de Gadafi en 2011, Libia se ha convertido en el gran trampolín del éxodo africano hacia Europa. Un estado fallido, con fronteras

Leyendo ahora:

Todo acaba, todo empieza en Libia

Tamaño de texto Aa Aa

Desde la caída de Gadafi en 2011, Libia se ha convertido en el gran trampolín del éxodo africano hacia Europa.

Punto de vista

""Si consigues meterte en un vehículo rápido, para llegar aquí a Libia desde Arlit, en Níger son unos tres días. Eso depende de la carretera""

Un estado fallido, con fronteras largas y muy porosas con algunos de los países más pobres y violentos del Continente. Libia es una puerta abierta de par en par al tráfico de personas.

Un negocio lucrativo para milicias y grupos terroristas que representa el 10% de su Producto Interior Bruto (PIB), según el ministro italiano de Exteriores, Paolo Gentiloni.

El sistema está bien enraizado.

“Si consigues meterte en un vehículo rápido, para llegar aquí desde Arlit, en Níger son unos tres días. Eso depende de la carretera”, comenta el nigerino Nasser.

Las principales rutas parten de Mali, Níger y Somalia. Después, desde las costas libias hacía las islas europeas de Lampedusa, Sicilia y Malta por el Mediterráneo.

En otros tiempos Libia fue un país de destino pero con una economía en ruinas y unas calles a merced de la violencia, los emigrantes siguen su viaje hacia Europa.

“Yo estuve trabajando en Libia, trabajaba en Libia, pero allí es muy difícil, incluso para el trabajo, por eso decidí asumir el riesgo y venir”, explica Omar procedente de Gambia.

La violencia es una constante en Libia con diversas facciones armadas batiéndose para controlar el país.

Tenemos el llamado Ejército regular fiel al gobierno de Tobruk, dirigido por el controvertido general Jalifa Hafter.

También están las fuerzas islamistas de “Maylis al Shura” y “Zuar de Bengasi”. El caso es que la transición democrática ha fracasado y hay dos gobiernos rivales establecidos.

El de Tobruk, reconocido por la comunidad internacional cuenta con el apoyo de Egipto y de Arabia Saudí, con su presidente y su parlamento.

Y en Trípoli, la capital, hay un gobierno rebelde que niega la legitimidad del de Tobruk.

El enviado especial de Naciones Unidas para Libia, Bernardino León, ha propuesto, de momento sin éxito, una solución para la reconciliación y la unidad nacional: que el Parlamento de Tobruk sea la Cámara baja y el de Trípoli, el Senado del país.

Una situación caótica que aprovechan grupos terroristas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) o más recientemente el autoproclamado Estado Islámico, que ha reivindicado los recientes atentados contra algunas embajadas en Trípoli.