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La memoria imborrable de los armenios supervivientes

En 1915 Silvard tenía tres años. Ahora tiene 103. Vive en Ereván, la ciudad a la que, gracias a unos soldados franceses, pudo llegar su familia tras

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La memoria imborrable de los armenios supervivientes

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En 1915 Silvard tenía tres años. Ahora tiene 103.

Punto de vista

Si los turcos reconocieran el genocidio y la masacre de tantos armenios, en ese caso, todos los que persiguieron a los armenios, sus descendientes, los que dijeron realmente qué sucedió, volverán a su tierra con el deber cumplido

Vive en Ereván, la ciudad a la que, gracias a unos soldados franceses, pudo llegar su familia tras la masacre.

Sus padres, su hermana y ella pudieron salvar sus vidas. Sus tíos, sus tías y sus primos fueron todos asesinados.

“Si los turcos reconocieran el genocidio y la masacre de tantos armenios, en ese caso, todos los que persiguieron a los armenios, sus descendientes, los que dijeron realmente qué sucedió, volverán a su tierra con el deber cumplido”, explicó Silvard Atajyán.

Estamos en plena Primera Guerra Mundial. Turquía todavía no existe, son los tiempos del Imperio Otomano que extiende su influencia desde las puertas de Rusia hasta Oriente Medio. Al frente de su gobierno, un partido, el Comité de Unión y Progreso (CUP), conocido como los Jóvenes Turcos.

Unos dos millones de armenios habitaban este territorio por aquel entonces, sobre todo en las siete provincias orientales, Cilicia y el norte de Mesopotamia, aunque también en Constantinopla, la capital del Imperio Otomano.

Un triunvirato de oficiales fue el encargado de organizar, planificar, y ejecutar un plan de exterminio de la población de origen armenio.

Primero empezaron con las deportaciones, luego llegaron las ejecuciones. Más tarde fueron el hambre y las enfermedades las que terminaron con miles de supervivientes que permanecían en los numerosos campos de concentración existentes.

Se calcula que entre 1915 y 1923 murieron 1,5 millones de armenios.

Las grandes potencias del momento como el Reino Unido, Francia y Rusia condenaron los hechos de inmediato.

Sin embargo, el reconocimiento de estas masacres como genocidio fue llegando con cuentagotas a lo largo del siglo XX.

Los últimos pronunciamientos en este sentido se han hecho desde el Vaticano, a través del Papa, y desde el Parlamento Europeo.

La eurocámara aprobó una resolución para exigir a Turquía el reconocimiento del genocidio armenio.

La reacción de los dirigentes turcos no se hizo esperar.

“Está fuera de lugar manchar el nombre de Turquía con una sombra llamada “genocidio”, dijo el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

Ankara sigue negando el genocidio mientras en Ereván intentan, un siglo después, conservar viva la memoria de las víctimas.