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Cámaras como fusiles: testimonio de un camarógrafo ruso en la II Guerra Mundial

Estuvo en muchos de los frentes más peligrosos de la Segunda Guerra Mundial. Participó en la liberación de Polonia y en la toma de Berlín. Fue

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Cámaras como fusiles: testimonio de un camarógrafo ruso en la II Guerra Mundial

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Estuvo en muchos de los frentes más peligrosos de la Segunda Guerra Mundial. Participó en la liberación de Polonia y en la toma de Berlín. Fue galardonado por su heroísmo, y todo ello sin disparar ni una sola bala.

Punto de vista

Nuestra arma era una cámara de cine, porque nos mandaron para grabar la guerra en vez de a luchar.

Boris Sokolov, camarógrafo militar:
“Nuestra arma era una cámara de cine, porque nos mandaron para grabar la guerra en vez de a luchar. Grabábamos armas, soldados, batallas. No disparábamos con armas, sino con cámaras.”

Este año, el camarógrafo militar Boris Sokolov ha celebrado su 95 cumpleaños. En el Museo de Moscú de la Segunda Guerra Mundial nos enseña una serie de imágenes de archivo y nos cuenta cómo llegó a la línea del frente en 1944 y su primer rodaje de la contienda.

Boris Sokolov, camarógrafo militar:
“Vinimos a Varsovia cuando se estaban construyendo puentes de barcas y el ejército polaco empezaba a desembarcar en la otra orilla del río Vístula. Filmamos el cruce y luego el primer desfile de las tropas polacas en la Varsovia liberada.”

Al igual que los demás cámaras militares, Sokolov, siempre trabajó con un compañero. Su arma, es decir, su cámara pesaba 3 kilos y medio y su munición eran varias bobinas de cinta de medio kilo cada una.

Boris Sokolov:
“La cámara funcionaba como los relojes antiguos. Tuvimos que buscar un resorte. Con ese mecanismo de cuerda podíamos usar 15 metros de cinta, que es medio minuto de tiempo de pantalla. Esto significa que no podíamos grabar secuencias de más de medio minuto. La cámara se paraba y teníamos que empezar de nuevo.”

A veces la imperfección de la tecnología les obligaba a grabar secuencias organizadas de antemano. Pero para Sokolov, eso no falseaba la realidad de la guerra.

Boris Sokolov:
“Cuando estábamos en Varsovia, pedimos a los militares que dispararan hacia el otro lado del río. Desde nuestra orilla pudimos filmar todas esas explosiones y ráfagas. Pedimos a la artillería que disparase en un sitio específico y al cabo del rato nos llamaron para decirnos que encendiésemos la cámara. Y eso hicimos … pero eso no quita que fuera un rodaje de una verdadera guerra.”

Para Boris Sokolov las imágenes más memorables de toda la Segunda Guerra Mundial, fueron sin duda las de la rendición de Alemania. Él fue el encargado de filmar a la delegación encabezada por el Mariscal Wilhelm Keitel que rubricó el documento en nombre del Tercer Reich. Sokolov conserva en sus archivos originales la foto de Keitel tomada el 8 de mayo de 1945.

Boris Sokolov:
“Todavía recuerdo el comportamiento de Keitel. Se mostró muy arrogante desde el comienzo de la ceremonia. Dio la bienvenida a la audiencia con el bastón de mariscal, pero nadie le respondió. Parecía como si Keitel no fuera el vencido, sino el vencedor.”

En ocasiones, se produjeron descubrimientos bastante sorprendentes. En el fondo de una piscina seca en la Cancillería del Reich en Berlín, los soldados soviéticos encontraron un doble de Hitler muerto. Estaba cubierto con una manta, y cuando Sokolov llegó a filmar el cadáver, puso una foto de Hitler de una revista cerca del cuerpo para demostrar el parecido.

Boris Sokolov:
“Estaba vestido como Hitler. LLevaba una cruz gamada como Hitler, estaba peinado igual y llevaba el mismo bigote. Se parecía mucho, pero su doble tenía la nariz rota y un agujero de bala en la frente. “

Durante la Segunda Guerra Mundial, 258 cámaras soviéticos grabaron un total de 1.944 horas de película.
Uno de cada cinco murieron en el frente. Boris Sokolov es el último testigo de aquellos camarógrafos rusos que sobrevivieron a la Guerra y conocieron la victoria.